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jueves, 16 de enero de 2014

Exposición “Juan Borrero”: Propuesta cultural y patrimonio cofrade.

Este blog nació con la -romántica- vocación de ahondar y descubrir los valores históricos, artísticos y etnológicos que aglutina el patrimonio de las cofradías  como motor de propuestas y acciones culturales. Por ello resulta tan grato ver propuestas que comparten esta misma idea, aunque por cuestiones geográficas la visita tenga que limitarse al mundo virtual.



“JUAN BORRERO. Trazos de plata: Una vida dedicada la orfebrería”

Castillo de San Jorge, Triana (Sevilla).
14 de enero- 23 de febrero.
Comisario: Álvaro Dávila Armero.


El Ayuntamiento de Sevilla  a través del distrito de Triana, en colaboración con el ICAS (Instituto de la Cultura y las Artes de Sevilla) y la fundación Cajasol, ha promovido la realización de una exposición conmemorativa de la trayectoria profesional del orfebre Juan Borrero, artesano responsable de gran parte del patrimonio orfebre de las hermandades del barrio de Triana.

La presencia del ICAS ponía de manifiesto que la orientación de esta muestra no iba a seguir la tónica general en las exposiciones cofrades augurando un perfil técnico más elevado, un aspecto que muchas veces se echa en falta en este tipo de propuestas. La exposición, comisariada por Alvaro Dávila Armero  -historiador y comisario de otras muestras como “SAN ISIDORO. El presente de una tradición” el año pasado en el Círculo Mercantil-, supone un soplo de aire fresco en el ámbito de las exposiciones cofrades sevillanas -uno de los pocos lugares en que existe una programación habitual de esta tipología, aunque con dispar calidad.

La exposición se distribuye en cinco secciones que plantean un discurso amplio y un enfoque didáctico dirigido a conocer el papel de Juan Borrero en la orfebrería sevillana, sus técnicas y la evolución de su obra.

1.-Historia de la orfebrería sevillana.
2.- Técnicas de orfebrería y herramientas.
3.- Proceso creativo y taller de Juan Borrero.
4.- Vida y obra de Juan Borrero.
5.- Audiovisual

Una visión que va más allá de la mera contemplación de las piezas de orfebrería o la exposición de ajuares cofrades, tal y como se señalaba en la licitación promovida por el Distrito de Triana, el planteamiento expositivo debía aunar el atractivo de los contenidos con una presentación amena e instructiva, que permita difundir, dar a conocer e interaccionar con los visitantes y contar con la incorporación de elementos que permitan la ambientación, iluminación, itinerancia e interrelación de las obras con el público.

La innovación respecto a otras exposiciones cofrades no se limita al planteamiento inicial, llamando especialmente la atención el lugar escogido para la exposición: el yacimiento arqueológico del Castillo de San Jorge de Triana. La colección seleccionada se dispone aprovechando los restos arqueológicos de los diferentes espacios del Castillo, que fuera sede la Inquisición durante los períodos  1481-1626 y 1639-1785, en una intervención que aúna arqueología y orfebrería a través de una museografía de líneas clásicas. De esta forma las piezas de orfebrería ocupan las distintas estancias del castillo como las cocinas o la capilla de San Jorge dónde se exponen los ángeles lampadarios de Archidona y el creciente lunar de la Virgen del Carmen del Santo Ángel.

La selección de piezas no se limita a la obra de Juan Borrero para las cofradías, pues incluye obras inéditas pertenecientes a colecciones particulares e incluso reproducciones de Juan Borrero de obras de Modigliani o Picasso.

Entre los enseres cofrades seleccionados de entre la vasta obra realizada por Borrero se encuentran:

Los respiraderos de San Gonzalo y la Carretería (Sevilla).

Varales de los palios de la Esperanza de Triana, la Virgen de la Estrella y la Salud de San Gonzalo (Sevilla).

Llamadores, jarras y piezas de candelería de varias cofradías sevillanas.

Faroles y candelabros de guardabrisa de varias cofradías de Sevilla.

Miniaturas, en su mayoría pertenecientes a colecciones particulares como el Niño Jesús (col. part. Albariza)

Piezas de ajuar como el puñal de oro de la Esperanza de Triana y las potencias del Señor de las Penas (Sevilla).

Varias piezas de la carreta de la Hermandad del Rocío de la Macarena.

El frontal de altar de la Esperanza de Málaga.

Siendo las piezas principales las coronas diseñadas por Juan Borrero para las tres dolorosas coronadas de Triana: Esperanza de Triana, Estrella y Virgen de la O. Cuya estancia en la exposición será solo durante los primeros días. Junto a todo ello se incluyen otros elementos como herramientas, diseños, documentación y fotografía que completan el discurso expositivo.

El diseño expositivo, licitado con un presupuesto de 6050 euros, supone también un punto de ruptura respecto a otras muestras cofrades ya que desde la dirección técnica se han planteado láminas retroiluminadas con la vida del artista, panelería de grandes dimensiones  para los textos de contexto, la recreación del taller del artista y videos que completan el discurso.

Una línea de actuación que da lugar a una propuesta de calidad conforme a criterios museográficos, con elementos didácticos que ayudan a comprender el contenido de la muestra, que generan un resultado capaz de despertar el interés del público cultural de la ciudad de Sevilla.

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En definitiva y sin poder verla in situ “JUAN BORRERO. Trazos de plata: Una vida dedicada la orfebrería” pone de manifiesto el potencial del patrimonio de las cofradías más allá de clichés y tópicos. Un patrimonio cofrade que es capaz de dar lugar a discursos atractivos como el de esta muestra, que a través de la orfebrería ha generado una intervención sobre el yacimiento del Castillo trianero, entrelazando la historia del arrabal de Sevilla entre la piedra y la plata.

Una línea de trabajo que no debiera quedar aislada y que podría generar propuestas culturales llenas de atractivo.

Javier Prieto para @Culturayhdades 

Imágenes: 

Juan Borrero. Trazos de plata. Fotografía: J.J.Comas.

Juan Borrero. Trazos de plata. Fotografía: Fernando Ollero.

Juan Borrero. Trazos de plata. Fotografía: J.J.Comas.

Juan Borrero. Trazos de plata. Fotografía: M.J.Rodríguez Rechi.

Juan Borrero. Trazos de plata. Fotografía: Fernando Ollero.

Juan Borrero. Trazos de plata. Fotografía: Fernando Ollero.

Juan Borrero. Trazos de plata. Fotografía: Raúl Doblado.

Juan Borrero. Trazos de plata. Fotografía: M.J.Rodríguez Rechi.
Juan Borrero. Trazos de plata. Fotografía: M.J.Rodríguez Rechi.

Juan Borrero. Trazos de plata. Fotografía: Raúl Doblado

Juan Borrero. Trazos de plata. Fotografía: Raúl Doblado

Juan Borrero. Trazos de plata. Fotografía: J.J.Comas.

Juan Borrero. Trazos de plata. Fotografía: J.J.Comas.

Juan Borrero. Trazos de plata. Fotografía: M.J.Rodríguez Rechi.

Juan Borrero. Trazos de plata. Fotografía: M.J.Rodríguez Rechi.

Fotografías:

Fernando Ollero para Amargura y Silencio
José Javier Comas para Semana Santa de Sevilla
Manuel Jesús Rodríguez Rechi para Pasion en Sevilla
Raúl Doblado para Pasión en Sevilla


Fuentes:
Prescripciones técnicas de la contratación del servicio de organización,diseño, producción. Y coordinación del montaje y desmontaje de la exposición “JUAN BORRERO, trazos de plata”. Nº expediente: 2013/001732.

ANEXO 1. Contratación del Diseño, Produccion Coordinacion Montaje y Desmontaje de la
Exposición Juan Borrero Trazos de Plata.


viernes, 20 de septiembre de 2013

El traje de la condesa viuda de Ureña




Realidad y mito en el origen de la imagen de la Soledad de la Victoria

Javier Prieto Prieto. 


Grabado. Soledad del Convento de la Victoria. S. XVIII
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Este artículo pretende ahondar en las notas discordantes que se aprecian en la tradición sobre el origen de la Soledad de la Victoria, la configuración de su ajuar y su primacía en el desarrollo de la devoción a los dolores de Virgen.1 En las siguientes líneas se busca contextualizar las postulaciones sobre la ejecución de la Soledad de la Victoria en la realidad histórica y artística de finales del siglo XVI para discernir la realidad de la recreación en los datos proporcionados en el Discurso de Fray Antonio de Ares de 1640. 


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La condesa viuda de Ureña, doña María de la Cueva (Cuéllar ¿? – Madrid, 1566), forma parte de la historia del arte efímero de las cofradías como la promotora del uso de las prendas de luto en el atavío de las imágenes de la Virgen en sus advocaciones dolorosas. En los últimos años ha aumentado el interés por este personaje y su ajuar de viuda noble, gracias a la recuperación del relato de Fray Antonio Ares dentro de la obra La Virgen de luto de Eduardo Fernández Merino. El testimonio novela el momento en que acabada la imagen es necesario vestirla, señalando entonces la condesa “este Misterio de la Soledad de la Virgen parece cosa de viudas, y si pudiese vestir como viuda de la manera en que yo ando me gustaría tener parte en esto y poder servir a Nuestra Señora con un vestido y tocas mías2. La difusión de este pasaje en pleno siglo XXI se ha realizado en un marco de veracidad y rigor histórico completamente ajeno a la naturaleza del texto original y que al ponerse en cuestión hace tambalear las rígidas teorías sobre el origen de las dolorosas de vestir y la devoción a la Soledad en España.

El extracto forma parte del Discurso del ilustre origen y grandes excelencias de la misteriosa imagen de Nuestra Señora de la Soledad del Convento de la Victoria de Madrid, escrito por Fray Antonio Ares en 1640. Este texto se publica en plena expansión de la devoción a la imagen y de su propio título se infiere que su finalidad era la promoción y difusión del culto a una de las devociones más pujantes del Madrid de mitad del XVII. Es este casi un subgénero literario en nuestro país, pues son múltiples los textos escritos por clérigos para la propagación de la devoción a una imagen ya fuera para su promoción en su entorno urbano, se expansión en una orden religiosa o la difusión por nuevos territorios. A todos ellos es común el tono exaltado y la falta de exactitud en el rigor histórico a favor de la exaltación de las virtudes y milagros de la talla. De esta manera las referencias históricas suelen contar con recreaciones y figuraciones de los episodios que ponen sobre aviso de las licencias tomadas en la redacción de los mismos. El texto del fraile mínimo recoge el legendario origen de la imagen, su pujante presencia en la ciudad de Madrid y como no algunos de los múltiples milagros de tan afamado simulacro: "porque esta mañana me puse en el seno esta Imagen (mostrola y era de las bastas de papel), porque me auian dicho que el que la truxesse no le sucedería desgracia ninguna, como a mí me ha sucedido”.

Bajo estas premisas debe entenderse el relato de la participación de la condesa en la elección de las ropas de la nueva imagen, más aún cuando distintas investigaciones ponen en cuestión varios de los datos recogidos en el libro de Fray Antonio Ares. La investigación de Manuel Arias Martínez sobre la Soledad de la Victoria3 pone de manifiesto cómo será ya en pleno siglo XVII cuando se construye el mito sobre el origen legendario de la imagen (el tronco ardiente que por intercesión divina transforma en efigie sagrada el insigne Gaspar Becerra), en el contexto de un largo litigio con la cofradía de la Soledad que reclama la propiedad de la imagen. La disputa legal se dirime a favor de los frailes amparados el encargo de la reina Isabel de Valois y la autoría de Becerra, cuestionados ambos por la cofradía. A pesar de los muchos testimonios que se cotejan sobre la hechura y encargo de la imagen ninguno cita a doña María de la Cueva, un hecho cuanto menos llamativo dado que todo detalle sobre la participación de la reina Isabel de Valois  y su camarera favorecería la posición de los frailes mínimos que veían peligrar la imagen y con ella las limosnas de su pujante convento madrileño. Por si fuera poco las fechas del encargo y entronización tampoco casan con las crónicas de la época, ya que la reina Isabel y su camarera se hallaban en Bayona de viaje diplomático en septiembre de 1565 cuando se señala que fue entronizada la imagen con la presencia de ambas señoras4.

La interpretación del relato del encargo, ejecución y elección de las primeras ropas  como una reconstrucción posterior no supone devaluar por completo la crónica ni los datos aportados, más aún cuando son múltiples los testimonios de la época que logran los frailes mínimos para defender la intervención de la reina francesa. Ahora bien poner en cuestión el relato de Fray Antonio Ares conlleva abandonar determinados postulados en torno a esta imagen: la reina Isabel de Valois introdujo en España la devoción a la Soledad de María, la Soledad de la Victoria inauguró la costumbre de representar a la Virgen con ropas de luto o la imagen viste desde su origen largas tocas blancas y manto negro al uso de las viudas nobles.

Retrato de la condesa viuda de Ureña (1)

La reina Isabel de Valois introdujo en España la devoción a la Soledad de María

En la primera mitad del siglo XVI se conocen en España dos cofradías que ostentaban el título de Soledad y tenían ya una vida de hermandad estable con cultos y actos de devoción en torno a los dolores de la Virgen: la Cofradía de Nuestra Señora de la Quinta Angustia y Angustias y Soledad de Nuestra Señora de los Desamparados, de Valladolid (Cofradía de las Angustias) y la Cofradía del traspaso y soledad de Nuestra Señora de la ciudad de Sevilla (Hermandad de la Soledad de San Lorenzo). En los años 60 del siglo XVI la propagación de las cofradías de la Soledad aumenta especialmente en el entorno de Sevilla donde las formas y maneras de la cofradía hispalense marcan un auténtico modelo para las cofradías soleanas. Resulta probado que en 1555 ya existía una imagen de la Soledad en Sevilla que participaba en la procesión del Viernes Santo de su cofradía, aunque toda apunta a su hechura en la década anterior. Por las mismas fechas se encontraba al culto otra imagen de la Soledad en la localidad de Alcalá del Río, pues en las mandas testamentarias del sacerdote Bartolomé Ximenes del año 1556, se  dispone que los viernes de cada mes le digan una misa "a la efigie de Ntra. Sra. de la Soledad".

Por tanto cuando la reina Isabel de Valois amadrina el encargo de la comunidad de Mínimos para la ejecución de la Soledad ya existía en España un culto asentado a la Soledad de María. La Soledad de la Victoria se ejecuta en pleno nacimiento de la devoción a la Soledad de María como otras muchos simulacros más, será el favor real y la promoción de su devoción lo que propiciará su conversión en el ejemplo y referencia de la iconografía de esta advocación mariana, aunque todo ello ocurrirá ya bien entrado el siglo XVII.
 
Virgen de la Soledad, Sevilla ca. 1569 (2)
 La Soledad de la Victoria inauguró la costumbre de representar a la Virgen con ropas de luto.

La devoción a la Soledad de María hunde sus raíces en el culto a los siete dolores de María que promovió desde el siglo XIII la orden servita y que eclosionó definitivamente en Flandes en el siglo XV cuando Juan de Coudenberghe, cura de San Salvador de Brujas, fundó la primera cofradía de la Virgen de los Siete Dolores. Precisamente por ello será la pintura flamenca del siglo XV quien ofrezca los primeros ejemplos de la iconografía de los dolores de la Virgen, representando en ellos a la Madre de Dios con ropas negras. Aunque esta simbología no nace en el siglo XV,  pues el medievalista francés, especialista en estudios sobre el color, Michel Pastoureau sostiene que la representación de la Virgen con ropas  negras por la muerte de Cristo era común ya en el arte paleocristiano.

Las pinturas flamencas con la Virgen vestida de luto llegaron pronto a los reinos españoles, ocupando las capillas de reyes y nobles. El postulado de las pinturas flamencas marco el panorama de las representaciones de esta iconografía a partir del siglo XVI siendo cada vez más común la representación de la Virgen con ropas de luto. Algunos de los ejemplos más destacados son “La Virgen mostrando al Varón de Dolores” de Hans Hemling pintada en 1480 y que se conserva en la Capilla Real de Granada, Nuestra Señora de los Dolores de Adriaen Isenbrandt  (con una interesantísima representación de los siete dolores de la Virgen), El llanto sobre Cristo Muerto de Durero o el Descendimiento de Juan Correa de Vivar, estos tres del siglo XVI.

De esta forma cuando se encarga la imagen de la Soledad a Gaspar Becerra existe ya una amplía iconografía sobre la Virgen ataviada con ropas de luto como señal del duelo y aflicción por la pasión y muerte de su hijo, ahondando así en el contenido de la devoción a los dolores de la Madre de Dios. El recurso del luto en el atavío de la imagen del convento de la Victoria no respondería por tanto al postulado teológico de la condesa sobre la viudedad mística de María si no que se limitaron a recurrir al modelo flamenco de representar la mater dolorosa.

Mater Dolorosa, siguiendo la iconografía de la Soledad (3).
Virgen Dolorosa ataviada con prendas de luto (4).
Los siete dolores de la Virgen. (5)
  La imagen viste desde su origen largas tocas blancas y manto negro al uso de las viudas nobles.

Quizás la afirmación más extendida sobre los primeros años de la Soledad de la Victoria es la que hace referencia al propio traje de la condesa viuda, sobre el cual sus coetáneos no guardaban recuerdo alguno. El primer ajuar de la Virgen de la Soledad respondería al denominado luto de corte, es decir el luto que vestían las damas de la alta nobleza al enviudar. Aspecto altamente probable, no por la vehemencia de la camarera de la reina al solicitar que vistiese a su modo y manera, si no por la secular costumbre de ataviar a las imágenes de la Virgen con los mejores aderezos conocidos que solían coincidir con los usados por la alta nobleza y la familia real. Así la imagen se vestiría con las prendas de luto al modo en que lo hacían las grandes damas. Hasta aquí no hay diferencia con el postulado oficial, el problema surge al definir en qué consistían esas prendas. Es de nuevo Fray Antonio Ares quien genera la confusión al identificar las prendas primitivas con las que lucía la imagen en 1640, casi un siglo después de su ejecución.

Las prendas de luto al igual que el resto de ropas estaban sujetas a las modas y así se observa  al analizar la pintura civil de la época. Según avanza el siglo XVI y más aún en el XVII los retratos de las viudas nobles o dueñas presentan variaciones en la prenda más característica de su ajuar: las tocas. Las tocas eran piezas de lienzo que enmarcaban la cara y cubrían parte del cuerpo de las viudas. Su aspecto cambió con el tiempo, así en los retratos de mediados del siglo XVI la toca cubre el cuello y el inicio del busto, mientras que ya a partir de 1600 la toca se alarga hasta pasada la cintura. Será en la regencia de Mariana de Austria cuando las grandes tocas blancas alcancen su máximo apogeo llegando a cubrir casi la totalidad del cuerpo, aliviándose la sobriedad del traje con la costumbre de ceñirlas sobre el cuerpo tal y como reflejan los retratos de la reina viuda.

Así analizando los retratos coetáneos a la ejecución de la Soledad de la Victoria es difícil inferir que esta vistiese las largas tocas que tardarían en usarse todavía más de treinta años, por ello es posible aventurar que las primeras prendas de la Virgen la acercarían a los modelos de la pintura flamenca que hemos analizado anteriormente. Sería ya en el siglo XVII cuando el ajuar de la imagen se adaptase a los nuevos gustos barrocos coincidiendo con el período de mayor crecimiento de su devoción gracias a la vinculación de la familia real, un período en el que las grandes damas que hicieron gala del  ya afamado traje de dueñas. Basten dos ejemplos la emperatriz María de Austria, profesa en las Descalzas Reales tras enviudar, y Mariana de Austria, quien vistió  el luto de las viudas nobles durante toda su regencia.


Detallle puerta izquierda, donante ataviada con el luto a la moda del XVI. (6)
Damas nobles de la ciudad de Sevilla, 1555-1556. (7)

Traje de Dueña con las tocas sueltas hasta la altura de las caderas (8)

Mariana de Austria con la toca blanca hasta la altura de la rodilla y ceñida a la cintura (9)

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1.- Estas breves notas forman parte de un estudio más amplio y aún incompleto sobre el origen y consolidación de las cofradías de las Angustias y Soledad, las diversas iconografías en torno a los dolores de la Virgen y la evolución de las formas y maneras de presentar las imágenes dolorosas.

2.- FERNÁNDEZ MERINO, Eduardo. La Virgen de Luto. 2012

3.- ARIAS MARTÍNEZ, Manuel. "La copia más sagrada" la escultura vestidera de la Virgen de la Soledad de Gaspar Becerra y la presencia del artista en el convento de Mínimos de la Victoria de Madrid. Boletín. Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, ISSN 1132-0788, Nº. 46, 2011, págs. 33-56.

4.- ROMERO TORRES, José Luis. La condesa de Ureña y la iconografía de la Virgen de la Soledad de los frailes mínimos (I). Cuadernos de los Amigos de los Museos de Osuna, ISSN 16971019, Nº. 14, 2012, págs. 55-62.

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ILUSTRACIONES:

(1) Retrato de Doña María de la Cueva, IV Condesa de Ureña, anónimo. Universidad de Osuna
(2) Regla de la cofradía del traspaso y la soledad de Nra. Señora de esta ciudad de Sevilla, 1555-1557/1569/1592. Villanova College Library, Villanova, Pennsylvania.
(3) Mater Dolorosa. 1480. Galleria degli Uffizi, Florence.
(4) La Virgen mostrando al Varón de Dolores.1480.Hans Hemling. Capilla Real de Granada.
(5) Nuestra Señora de los Dolores. Ca. 1518. Adriaen Isenbrandt (o Ysenbrandt).
(6) Relicario. S. XVI. Convento de Agustinas de la Purísima Concepción. Toledo.
(7) Retablo de la Purificación, detalle (Retratos femeninos de la familia caballero). 1555-56. Pedro de Campaña. Capilla del Mariscal Don Diego Caballero, Catedral de Sevilla.
(8) La Emperatriz María de Austria. Ca. 1600 Juan Pantoja de la Cruz.
(9) Grabado. Familia de Carlos II ante la Virgen de la Almudena. S. XVIII.