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martes, 18 de noviembre de 2014

#ArteySSanta: La Semana Santa desde la perspectiva de la Cultura.


Congreso Nacional Arte y Semana Santa

El 14 de noviembre la Hermandad del Stmo. Cristo Crucificado y Mª Stma. de la Esperanza de Monóvar (Alicante) iniciaba su 75 aniversario fundacional con la celebración del I Congreso Nacional Arte y Semana Santa, cultura material e inmaterial. El congreso, bajo la presidencia de Dña. Inmaculada Vidal catedrática de Historia del Arte de la Universidad de Alicante, reunió durante el fin de semana a un destacado grupo de profesores universitarios y jóvenes investigadores para hablar sobre las implicaciones culturales de la celebración de Semana Santa.

El comité científico, presidido por el Dr. Alejandro Cañestro, logró un encuentro marcado por la profesionalidad y el ambiente distendido entre ponentes, comunicantes y asistentes. A través de un completo programa (ver aquí) se ahondó a las diversas realidades culturales de la celebración de la Pasión en diferentes lugares de España e Italia, con especial énfasis en aspectos como la escultura, las artes suntuarias o la investigación del campo de los pasos y tronos.

Comunicación, sábado 15 de noviembre.
La cita ofreció un espacio destacado a la presentación de comunicaciones por parte de investigadores y profesionales. Especialmente interesante fue la mesa dedicada a artes decorativas con las intervenciones de Antonio Morón, José Manuel Torres y Carlos Serralvo, destacando también otras propuestas como las de David Sánchez, Carlos Salas o Laura Sánchez.

El comité científico tuvo a bien seleccionar dentro del programa de comunicaciones nuestra propuesta Las cofradías y las TIC: oportunidades para la gestión y difusión del patrimonio cultural de las hermandades, llevando al congreso una aportación sobre la necesidad de definir el concepto de patrimonio cultural de las cofradías y el papel que pueden desarrollar las TIC en su protección, conocimiento y difusión. Aprovechamos esta entrada para agradecer al comité científico y a D. Alejandro Cañestro, como presidente del mismo, la oportunidad que nos brindaron de presentar en un ambiente académico nuestra propuesta en torno al Patrimonio y las Cofradías.

La perfecta organización, comandada por el secretario del congreso Carlos Navarro, ha hecho que durante tres días un variopinto grupo de personas nos hayamos podido reunir en torno a la cultura de las cofradías, en este sentido Arte y Semana Santa ha sentado las bases para desarrollar nuevos proyectos en torno a la Semana Santa desde un perspectiva de hondo contenido profesional.

Desde Patrimonio y Cofradías, agradecer a la organización, ponentes, comunicantes y asistentes los buenos momentos de este fin de semana, ¡nos vemos en la próxima!

Detalle de la presentación.



Javier Prieto @JaviPrieto86

jueves, 26 de junio de 2014

Artículo de difusión: Las primeras vírgenes vestideras.

Artículo publicado en el boletín Décima Estación editado en marzo de 2014 por la Hermandad de Penitencia de Nuestro Padre Jesús Despojado de sus vestiduras y María Santísima de la Caridad y del Consuelo, Salamanca.



Las primeras vírgenes vestideras.

Breve recorrido histórico por los modelos y gustos en el atavío de la Madre de Dios en los siglos XVI y XVII.
Javier Prieto Prieto. Gestor cultural y coordinador de iCofrade Salamanca.

Ilustración 1.
Origen de las imágenes vestideras.
El origen de las imágenes vestideras resulta todavía confuso pues son muchas las evidencias que cuestionan el nacimiento de este tipo de obras en el barroco, como se había señalado durante mucho tiempo. La costumbre de revestir imágenes, que podemos interpretar como el paso previo a la realización de imágenes vestideras, puede advertirse en las imágenes recamadas de planchas de oro y metales preciosos durante la Edad Media, como la Virgen de la Vega[i]. Esta técnica ornamental no hacía sino disponer suntuosos ropajes sobre los modelados de la talla original.

La imagen de la Virgen de los Reyes, Patrona de la ciudad de Sevilla y su archidiócesis, es el mejor testimonio de la existencia de imágenes vestideras en los últimos siglos de la Edad Media. La devota imagen, datada por los expertos[ii] en el segundo cuarto del siglo XIII, fue concebida desde su origen como talla para vestir. Una condición que no debe interpretarse como un hecho aislado sino como la necesidad de replantearse el origen de este tipo de imágenes. La difícil conservación de los materiales textiles y las numerosas intervenciones que suelen sufrir las imágenes vestideras, parecen impedir la constatación de otros testimonios medievales.

Uno de los primeros testimonios de uso de una prenda civil para vestir una imagen de la Virgen se recoge en una visita episcopal a la parroquia de San Martín del Castañar, Salamanca, en 1499: «e falló que abya en la dcha [iglesia] ttres altares […] yten visitó el altar de mano derecha en qual estaba una retablo viejo q tiene una Ymagen de nuestra senora de bulto con un brial[1] de pano negro»[iii].
A mediados del siglo XVI la existencia de imágenes vestideras era una realidad necesitada de regulación. Prueba de ello son los numerosos sínodos[iv], que en aplicación del Concilio de Trento, legislan sobre el decoro y mesura en el atavío de imágenes. El problema principal radicaba en la costumbre de usar ropas de escaso merito y en ocasiones reaprovechadas tras el uso de sus dueños, provocando incluso la mofa de los fieles. Así las Constituciones Sinodales de la Archidiócesis de Granada de 1573 promueven la sustitución de las populares imágenes vestideras por obras de talla, doradas y policromadas[v]. En la misma línea el sínodo de 1604 convocado por Cardenal Niño de Guevara, el mismo sínodo que marcaría las pautas de la actual Semana Santa de Sevilla, señalaría que en la Archidiócesis de Sevilla «no se adornen con camas ni vestidos que hayan servido a usos profanos, ni tampoco se adornen con los dichos vestidos Imágenes algunas», sino que «se aderecen con sus propias vestiduras, hechas decentemente para aquel efecto[vi]».

El modelo clásico: La moda en la corte de Felipe II y las imágenes de la Virgen.

Ilustración 2.
A mediados del XVI, dentro del contexto de la regulación episcopal de las costumbres piadosas de vestir santos debió surgir lo que podemos denominar modelo clásico[2], en cuanto a las formas y patrones del ajuar de las imágenes de la Virgen. Este modelo estaba  inspirado en la moda de la corte de los primeros Austrias. Su adaptación a las imágenes vestideras solventaba el problema de los aditamentos de dudoso gusto, permitiendo superar las restricciones episcopales sobre las imágenes vestideras. Todo ello debe entenderse además en un contexto de búsqueda del realismo en las imágenes religiosas, que dará lugar a las grandes obras de imaginería de las escuelas del siglo XVII.

El modelo clásico toma como referencia los cánones de la moda femenina de mediados del siglo XVI, marcados por la ampulosidad de los vestidos y la contención de las formas femeninas bajo patrones muy marcados. Este estilo, recogido al detalle en los retratos de corte, se identifica de forma sencilla por tres piezas: el vestido con saya acampanada, el jubón ceñido y las sobremangas o brazales. La silueta femenina se marcaba en la cintura, dónde el jubón solía tomar una forma afilada, en contraste con las sayas acampanadas, que combinaban las líneas rectas de los tejidos sobrios con el gran volumen que aportaban los verdugos y enaguas. Quizás el elemento más característico eran las sobremangas o brazales, que caían desde los hombros hasta el bajo del vestido, tomando formas apuntadas de gran elegancia. Esta moda promovida por los Hasburgo se impuso no solo en España si no en el resto de Europa.

Ilustración 3.
La adaptación de la moda de los Austrias a las imágenes vestideras supuso un cambio drástico en las formas de las imágenes de la Virgen. Los modelos tardogóticos, en los que las imágenes vestían túnicas ceñidas y mantos de formas sinuosas, se sustituyen en las imágenes vestideras por los nuevos volúmenes y siluetas que se imponían en la corte. Las imágenes de la Virgen empiezan a vestirse con amplias sayas, jubones y sobremangas sentando las bases para los modelos de los siglos XVII y XVIII. Se produce de esta forma una clara contraposición entre las imágenes de bulto, que mantenían lolass modelos clásicos de siluetas esbeltas y ropas de delicada caída, y las imágenes vestideras, con amplios volúmenes siguiendo la moda de la época.

La historia de la moda, en ocasiones, interpreta esta adaptación de la moda civil al vestir de la imagen sagrada como un testimonio más de la aplicación de los gustos de la época. Sin embargo el prisma de la religiosidad popular nos ofrece otras razones que justifican el uso del ajuar cortesano en las imágenes vestideras. Podemos apuntar dos criterios que favorecieron esta costumbre. En primer lugar la piedad popular y la normativa eclesiástica imponían a la hora de vestir imágenes: decoro y calidad en las piezas que conformasen el ajuar de una imagen. Por tanto, no resulta descabellado pensar que se tomase como referencia las mejores prendas que se conocían en la época, las que vestían las reinas y nobles. En segundo lugar, también podemos hablar de un criterio iconográfico. A la hora de representar a la Virgen como la Madre de Dios, reina de cielos y tierra, la suntuosidad de las formas y tejidos con que se vestían colaboraban a resaltar la realeza de María en una sociedad, la de la Contrarreforma, en la que los antiguos modelos iconográficos de la Theotokos y la Hodegetria resultaban arcaicos.

Ilustración 4.
La implantación de los gustos y formas de la corte de los Austrias no se aplicó, como en ocasiones se ha señalado, de forma directa como una mera cuestión de moda. Como señalábamos anteriormente, la moda se puso al servicio de la iconografía mariana. Las imágenes de la Virgen combinaban elementos de distintos estilos y épocas, así era común la presencia de tocas de papos, más propias de las viudas que de las fastuosas damas, como símbolo de respeto y decoro o el rostrillo cuyo uso hacía referencia a la simbología de la mujer vestida de Sol del Apocalipsis.

Este estilo resulto muy común entre las grandes devociones del país según se aprecia en diversas pinturas y representaciones, sentando las bases de lo que serán los modelos del XVII. Podemos observar este modelo clásico en pinturas de la Virgen de los Reyes de Sevilla, la Almudena de Madrid, la Virgen de la Concha e Zamora o Nuestra Señora de las Rocinas (conocida hoy como Virgen del Rocío).


La Soledad de Gaspar Becerra: Las dolorosas de vestir.

Las primeras imágenes vestideras de la Virgen Dolorosa se vinculan de nuevo al movimiento de la Contrarreforma. La historia se mezcla con el mito al señalar como imagen primitiva en este género a la Virgen de la Soledad  que talló  Gaspar Becerra  para el Convento de la Victoria de Madrid en 1565.

Ilustración 5.
Esta apreciación se basa en un famoso discurso[vii] sobre la milagrosa hechura y la forma de vestir a la Soledad de la Victoria, publicado en 1640,  cuya veracidad histórica resulta cuestionable. Este texto se difunde en plena expansión de la devoción a la imagen y de su título se infiere que su finalidad era la promoción y difusión del culto a una de las devociones más pujantes del Madrid del XVII.  Se trata por tanto de un texto para la propagación de la devoción a una imagen, escrito con un tono exaltado del que no puede presumirse un excesivo rigor histórico.

Sin descartar que la imagen de Becerra fuese la primera dolorosa de vestir, si cabe señalar que existen datos coetáneos de otras imágenes de la misma tipología que obligan a replantearse la primacía de la Soledad madrileña [viii]. Así por ejemplo en 1570 el escultor Gaspar del Águila talla una Virgen de la Soledad vestidera para la cofradía homónima de Marchena[ix], vinculada a la Soledad de Sevilla y no a la del Convento de Frailes Mínimos de Madrid. Una nota que pone de manifiesto que, al igual que las imágenes de gloria, las imágenes vestideras de la Virgen María en sus misterios dolorosos eran un icono común en la religiosidad popular de mediados del XVI.

El siglo XVII: La eclosión del barroco en las imágenes de vestir.
Ilustración 6.

El cambio de siglo traerá el enriquecimiento, transformación y adaptación del modelo clásico dibujado en las líneas anteriores. El fenómeno de las imágenes de vestir es inherentemente popular, por ello resulta difícil seccionar el tiempo para hablar de modelos cerrados y épocas. A continuación vamos a señalar cuatro aspectos que pueden ayudar a comprender la disparidad de formas que dibujo el primer barroco en las imágenes vestideras.

Inmovilismo.
Muchas imágenes tardaron en adaptar y enriquecer el modelo clásico del XVI, así a lo largo del siglo XVII se mantienen testimonios de vírgenes ataviadas  al gusto de la corte de Felipe II. Quizás el modelo más interesante sea la Virgen del Rosario de Granada. La ejecución de sus vestidos de orfebrería en 1628 -compuestos de saya acampanada, jubón, mangales y toca- resulta un testimonio inmutable de las formas que habían tomado hasta entonces el ajuar de la imagen. Ello contribuye a pensar que en el atavío de las imágenes la moda no era el criterio principal, si no que se buscaba ofrecer una apariencia de realeza y majestuosidad al servicio de la cual se ponían las prendas, sin importar que ya no fuesen comunes en la moda civil.

Ilustración 7.
Enriquecimiento.
La tónica general a lo largo del nuevo siglo, fue sin duda el enriquecimiento y transformación del modelo clásico. Las tocas, que hasta entonces se limitaban a cumplir una función de decoro, cobraron mayor protagonismo aumentando su tamaño y sobreponiéndose nuevas piezas de encajes y tul. Del mismo modo se recupera la presencia del manto, bien desde los hombros o desde la cabeza, que siempre había estado presente en las representaciones de la Madre de Dios y que había sido sustituido en gran medida por los brazales. Nos encontramos así con el modelo más común del siglo XVII. Sobre la saya acampanada, el jubón y los elegantes brazales se disponen ahora amplios mantos que confieran a la imagen una silueta piramidal. Se configura así un modelo que entrelaza la sobriedad de la moda del XVI y la suntuosidad del primer barroco. Este modelo estético ha sobrevivido casi de forma inalterada hasta fechas recientes entre las glorias de la ciudad de Toledo.
Ilustración 8.

Lazos y joyas.
En la mayoría de los casos este nuevo estilo no permaneció inmutable, si no que fue asumiendo nuevos aditamentos textiles y de orfebrería. Las imágenes se adornan con suntuosos lazos, joyerías y abalorios que se disponen especialmente sobre las sayas acampanadas, pero también sobre los mantos, tocas y sobretocas que empiezan a ser comunes a las imágenes vestideras. Estas nuevas piezas se rematan con amplias blondas de encaje que se vuelven en ocasiones al exterior, sentando las líneas de lo que a partir de 1700 se materializará en forma de ráfaga de orfebrería[x]. Este estilo cristalizará definitivamente en el siglo XVIII con la expansión de la costumbre de enjoyar y ornamentar con lazos, joyas y relicarios las imágenes de la Virgen.

Luto de dueñas del XVII.
Ilustración 9.
También en el siglo XVII se establece lo que hoy se conoce como luto de corte. Aunque se ha venido fechando en 1565 el origen de la costumbre de ataviar a las imágenes dolorosas con largas tocas blancas y manto negro, los datos históricos no atestiguan la existencia de esta costumbre entre las nobles de la época, sino más bien a partir de 1600. Por ello, y teniendo en cuenta que los primeros testimonios pictóricos y documentales hacen referencia al siglo XVII incluimos este estilo en las notas sobre el primer barroco. El luto de corte[xi] o traje de dueñas del siglo XVII supondría una evolución a partir de los modelos que debieron vestir las imágenes dolorosas a finales del XVI, tomando como referencia las normas civiles para la vestimenta de las viudas. El estilo del XVI, que hunde sus raíces en el protocolo de la corte borgoñona y que cuenta con innumerables representaciones en la pintura y escultura del siglo XV y XVI, se caracterizaba por la toca de papos blanca y una fina toca blanca que se disponía hasta los hombros, cubriéndose la figura con un amplio manto negro.  De esta forma se produce una progresiva ampliación de las tocas blancas, que se disponían sobre la toca de papos, hasta cubrir el monjil negro. Este modelo se estabiliza en el siglo XVII en la Soledad de la Victoria, cuya estampa se propagará gracias a las comunidades de frailes mínimos y la vinculación de la familia real. El estilo de vestir de la Soledad de la Victoria pronto se entrelazará con la iconografía de la Soledad y la Dolorosa, configurando una imagen y modelo que se mantendrá casi inalterada hasta avanzado el siglo XVIII en gran parte de España.

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En conclusión resulta todavía complejo fijar unos parámetros estables sobre la evolución y origen de las imágenes vestideras de la virgen María en las primeras etapas de desarrollo de este tipo de iconos. En base a ello este artículo ha pretendido abocetar las bases en que se apoyan las formas y modos en que hoy en día siguen vistiéndose muchas tallas de la Madre de Dios.



Citas



[1] Brial: Vestido de seda o tela rica que usaban las mujeres.
[2] De aquí en adelante denominaremos modelo clásico al que sigue las formas de la corte de Felipe II, tomándolo como referencia para hablar de su desarrollo y evolución en los siglos XVI y XVII.




[i]   Cea Gutiérrez señala como ejemplo primitivo del gusto por revestir imágenes los casos de la Virgen de la Vega o la Majestad de Astorga. CEA GUTIÉRREZ, Antonio. Religiosidad Popular Imágenes Vestideras. Zamora: Heraldo de Zamora, 1992, pp. 37 y ss.
[ii] Uno de los primeros estudios sobre el origen histórico de la Virgen de los Reyes pertenece a D. José Hernández, Catedrático de la Universidad de Sevilla y alcalde de la ciudad. HERNÁNDEZ DÍEZ José, La Virgen de los Reyes, Patrona de Sevilla y su archidiócesis. Sevilla, 1947.
[iii] APSmtn. Fábrica de 1499, Santa Visita, f.1. Recogido en CEA GUTIÉRREZ, Antonio. Religiosidad Popular Imágenes Vestideras. Zamora: Heraldo de Zamora, 1992, pp. 39.
[iv] SUÁREZ QUEVEDO, Diego. “De imagen y reliquia sacras. Su regulación en las constituciones sinodales postridentinas del arzobispado de Toledo”. Anales de Historia del Arte. Nº 8 (1998), pp. 257-290.
[v]  “En relación con el tema de las imágenes sacras, son puntos referenciales en el medio hispano posterior a Trento, los datos de las constituciones sinodales, de 1573, de la sede granadina, promulgadas por el arzobispo don Pedro Guerrero, asistente al propio concilio tridentino, que, a pesar de la popularidad en Andalucía de las imágenes de vestir, aconsejaba que las esculturas fueran de talla, doradas y policromadas, para así cumplir con lo ordenado por el citado concilio, en el sentido de no utilizar vestimentas con adornos provocativos en las representaciones escultóricas de Cristo, la Virgen y los santos”.SUÁREZ QUEVEDO, Diego. “De imagen y reliquia sacras. Su regulación en las constituciones sinodales postridentinas del arzobispado de Toledo”. Anales de Historia del Arte. Nº 8 (1998), pp. 257-290.
[vi] Constituciones del Arzobispado de Sevilla, hechas y ordenadas por el Ilustrísimo y Reverendísimo Sr. D. Fernando Niño de Guevara, Cardenal y Arzobispo de la Santa Iglesia de Sevilla, en la Sínodo que celebró en su Catedral año de 1604; y mandadas imprimir por el Deán y Cabildo, Canónigos in Sacris, Sede vacante, en Sevilla, año de 1609, Reimpresión, Sevilla, 1804, t. II, Libro Tercero, caps. 4 y 5.
[vii]ARES, Antonio (F.).  Discurso del ilustre origen y grandes excelencias de la misteriosa imagen de Nuestra Señora de la Soledad del Convento de la Victoria de Madrid. Madrid, 1640.
[viii] Sobre este y otros aspectos vinculados al origen de la Soledad de la Victoria: PRIETO PRIETO, Javier. El traje de la condesa viuda de Ureña. Realidad y mito en el origen de la imagen de la Soledad de la Victoria. Madrid. Septiembre 2013. Disponible en Web < http://javierprietoprieto.files.wordpress.com/2013/12/trajecondesaviuda.pdf>
[ix]  JAPÓN CAÑIZARES, Ramón. “Nueva luz en el origen de la Hermandad de la Soledad”. Boletín de las Hermandades de Sevilla. Nº 653, julio 2013, pp.546-555.
[x] Sobre la evolución de la iconografía en el XVII a partir del caso particular de la Virgen del Rocío: «La iconografía de la Virgen del Rocío y su proceso de fijación», en GONZÁLEZ CRUZ, David, (Ed.), Ritos y ceremonias en el Mundo Hispano durante la Edad Moderna. Actas del II Encuentro Iberoamericano de Religiosidad y Costumbres populares. Almonte - El Rocío (España), del 23 al 25 de noviembre de 2001. Huelva, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Huelva, 2002, págs. 353-372.
[xi] FERNÁNDEZ MERINO, Eduardo. La Virgen de Luto. Madrid: Visión Libros, 2012.

Otras fuentes consultadas:

ARIAS MARTÍNEZ, Manuel. "La copia más sagrada. La escultura vestidera de la Virgen de la Soledad de Gaspar Becerra y la presencia del artista en el convento de Mínimos de la Victoria de Madrid”. Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, ISSN 1132-0788, Nº. 46, 2011, págs. 33-56.
ROMERO TORRES, José Luis.”La condesa de Ureña y la iconografía de la Virgen de la Soledad de los frailes mínimos (I)”. Cuadernos de los Amigos de los Museos de Osuna, ISSN 16971019, Nº. 14, 2012, págs. 55-62.

Ilustraciones:

Origen de las imágenes vestideras.
Ilustración 1: Virgen de la Vega. Fuente: Alberto García Soto.
El modelo clásico: La moda en la corte de Felipe II y las imágenes de la Virgen.
Ilustración 2: Infanta Isabel Clara Eugenia y Magdalena Ruiz, Pablo Coello 1585-88. Fuente: Museo Nacional del Prado.
Ilustración 3: San Fernando ante la Virgen de los Reyes. Anónimo. Siglo XVII. Capilla Sacramental de la Iglesia del Sagrario. Catedral de Sevilla. Fuente: RAFAES
Ilustración 4: Detalle de la Virgen de la Concha en el cuadro “El hallazgo de la Virgen”. Anónimo, ca. 1700, iglesia de San Antolín, Zamora. Fuente: Archivo de la Cofradía de Ntra. Sra. de San Antolín o de la Concha.
La Soledad de Gaspar Becerra: Las dolorosas de vestir.
Ilustración 5: Verdadero retrato de la milagrosa imagen de Nª Sª de la Soledad del Convento de la Victoria. José Campeche, ca. 1782-89. Fuente: colonialart.org
El siglo XVII: La eclosión del barroco en las imágenes de vestir.
Inmovilismo. Ilustración 6: Nuestra Señora del Rosario, copatrona de Granada. Fuente: IAPH.
Enriquecimiento. Ilustración 7: Grabado de la Virgen del Sagrario de Toledo.
Pierre Mariette (1637-1673). Fuente: colonialart.org
Lazos y joyas. Ilustración 8: Grabado de la Virgen del Rocío, 1720-22. Fuente: villadelriocofrade.blogspot.com
Luto de dueñas del XVII. Ilustración 9: Emperatriz María de Austria, Juan Pantoja de la Cruz ca.1600. Convento de las Descalzas Reales, Madrid. Fuente: www.passee-des-arts.com

miércoles, 27 de febrero de 2013

Patrimonio cofrade IV: Andas, pasos y carros.



Procesión de disciplinantes, Francisco de Goya. 1812-1819

Las cofradías y hermandades han tenido como nota común su protestación pública de fe. El ejercicio y desarrollo de cultos públicos tuvo en sus orígenes elementos muy sencillos como las cruces y crucifijos alzados, o insignias y estandartes que presidían el rezo del Vía Crucis o el Rosario. Sin embargo la proliferación de romerías en la Edad Media, por lo general vinculadas a imágenes aparecidas, y más aún la espiritualidad impulsada tras el concilio de Trento instauraron la definitiva presencia de imágenes en los cultos públicos que se celebraban en ciudades y pueblos.

La realización de cultos públicos con las imágenes en madera e incluso en piedra exigía la presencia de un elemento que permitiese su digno traslado por los espacios donde se celebraría el piadoso ejercicio. Todo parece indicar que es la tradición clásica de las grandes celebraciones del Imperio Romano y su adaptación a las celebraciones católicas en Roma el caldo de cultivo en el que las cofradías y hermandades debieron encontrar inspiración a la hora de plantear sus protestaciones públicas de fe.

"El entierro de Ramon Llull" (ca. 1618-1621) Ayto. de Palma
El elemento más sencillo y clave para entender los actuales pasos, tronos y carros triunfales son las andas. Las andas en su versión más primitiva están compuestas de un tablero y cuatro pequeños brazos o mástiles que permitían trasladar las imágenes con cierta dignidad. Su referente claro serían las andas que se utilizarían para solemnizar traslados funerarios, un elemento de clara influencia de los fastos romanos. La evolución de las andas responde a múltiples factores vinculados a corrientes artísticas o  necesidades funcionales, y marcados drásticamente por elementos regionalistas. A continuación vamos a intentar desmenuzar las grandes categorías actuales, su evolución histórica y la vinculación entre muchas de ellas.
 
La primera gran división a la hora de analizar la configuración de los pasos procesionales (como definición más categórica) es en función de quien soporta el peso, de esta manera se constituye por un lado la familia de las andas que apoyan su peso sobre el cuerpo de los fieles y por otro lado el conjunto de carros que descansan la carga de la imagen sobre ruedas. La división en función de la tracción no se debe tanto al elemento mecánico si no a las características artísticas y plásticas que se derivan de cada forma de cargar.

Traslado de reliquias
La evolución de las andas

Las andas son la formulación más tradicional de los pasos procesionales, las primeras representaciones de este tipo de elemento las encontramos en la pintura medieval, para representar escenas vinculadas al Arca de la Alianza o en los traslados de reliquias de Santos de la Iglesia. Aunque a veces se pueda dar a entender que las procesiones se instauran tras el concilio de Trento era ya una realidad común en el ideario de la Edad Media, muy vinculada a los grandes santuarios erigidos en torno a reliquias e imágenes aparecidas. Se trataba de andas muy sencillas que apenas superaban las dimensiones de la imagen que portaban, constituidas únicamente por el tablero y cuatro vástagos que descansaban sobre los hombros de los porteadores, en muchas ocasiones clérigos.

Este modelo sencillo es el origen de todas las configuraciones de pasos procesionales cargados por fieles devotos. Las andas sencillas han sobrevivido en su configuración medieval sin alteraciones de gustos posteriores, siendo un elemento recurrente en los entornos rurales de Castilla y León o Galicia, conociendo también testimonios en la devoción conventual. Sin embargo por regla general los gustos imperantes del renacimiento y muy especialmente la espiritualidad barroco provocarían la evolución de las andas medievales hacía posicionamientos marcados por el arte efímero, siguiendo en todos los casos un criterio muy claro: la dignificación de la presencia de las imágenes en la calle.

Traslado de la Virgen del Espino, s.XVIII
De nuevo es necesario hacer una división funcional que marcará las características plásticas de la artesanía en el trabajo de las andas procesionales: el tipo de carga. La evolución de las imágenes y la aparición de los grandes grupos escultóricos en las celebraciones de la Semana Santa de Valladolid y su entorno provocaron la redimensión de las andas que empezaron a aumentar de tamaño todo ello imbuido del creciente esplendor del arte barroco propicio una nueva ruptura entre las andas cuya carga era externa y aquellas que siguiendo la línea de los carros triunfales empezaron a trasladar la carga bajo la estructura de las andas.

Los sistemas de carga exterior tuvieron una evolución más reducida, pudiendo a hablar ya de tres grandes categorías reconocibles hoy en día.  En primer lugar la propia evolución de las andas tradicionales, de proporciones reducidas pero que amplían el número de carga y sobretodo incluyen elementos barrocos como la iluminación, las flores, inclusión de penas y detalles tallados en la configuración del tablero centro. La Semana Santa en la que por antonomasia se conservan las andas es la de Cuenca, los brazos se alargan para poder acoger más número de carga pero se mantiene el diseño tradicional de tablero y cuatro mástiles.

La transformación de las andas impulsada por el auge de la Semana Santa de Valladolid y la implantación de los grandes grupos escultóricos en las celebraciones castellanas cristalizaría en la figura del tablero. Al contrario que el caso de Cuenca  en la Semana Santa de Valladolid, Medina de Rioseco e incluso Murcia se ampliaron las bases de los pasos pero no los mástiles o palotes (como los denominan en Medina del Rioseco). De esta manera se consigue una composición sencilla en la que los cargadores se disponen en el perímetro del paso y en los pequeños arranques de los brazos que aumentan de número. Del modelo más sencillo y clásico, meritoriamente conservado en Medina de Rioseco, se evolucionaría hacia formas más barrocos con elementos tallados en Murcia. El tablero ha sido una de las figuras peor conservada por su sencillez frente a proposiciones barrocas y neoclásicas, así por ejemplo la Semana Santa de Salamanca ha perdido esta seña de identidad que aún se aprecia en las fotografías de principios del siglo XX.

San Juan Californio, Cartagena.
La evolución de las andas de mayor sabor neobarroco son los tronos, cuyos máximos exponentes los encontramos en Málaga y Cartagena. Se trata de andas de grandes dimensiones tanto en el plano horizontal como en el vertical en las que se multiplican el número de brazos y se superponen elementos tallados, peanas y grandes candelabros, formando una estética voluminosa muy vinculada al nuevo urbanismo de finales del XIX. En el caso de Cartagena nos encontramos ante una configuración muy vinculada a la estética levantina que tuvo su origen en el florecimiento económico de la ciudad a mediados del siglo XIX, el juego de luces y flores ha configurado un modelo único. En el caso de Málaga existe una mayor influencia del arte cofradiero andaluz, y por ende de Sevilla, aplicando en los tronos elementos como los canastos barrocos o los respiradores en plata de los pasos de palio.

Los pasos

La alternativa a las andas son los pasos, una evolución más drástica del modelo primitivo que traslado la carga hacía el interior del soporte. Poco se sabe del cambio de un modelo a otro, pero debió de ser en fechas tempranas del siglo XVII, ya en 1611 las imágenes titulares de la Hermandad del Silencio desfilaban en pasos con faldillas y maniguetas, como atestiguan los grabados que ilustran uno de sus libros de reglas. Es posible que el estadio previo fuese la inclusión en las andas clásicas de faldillas y cortinajes que ofrecerían una estética más solemne, pues no cabe duda de que los grandes pasos barrocos heredaron su estructura de las andas, y prueba de ello es la conservación testimonial de las maniguetas, el viejo recuerdo de lo que fueron los brazos de unas andas hoy innecesarios.

Gran Poder en su paso, Foto: Alberto García
Es sin duda Sevilla la cuna y máxima expresión de los pasos como elemento para la procesión de imágenes sagradas, además es junto a los carros triunfales el tipo de andas en el que existe una mayor carga artística. Los pasos de carga interior respondieron en sus versiones más primitivas y humildes al modelo de mesa, una estructura (denominada parihuela) con cuatro patas sobre la que se dispone un tablero y en cuyo interior se instala un sistema de carga (banzos o trabajaderas, según la carga sea a hombros o a costal). A partir de esa estructura se desarrolla la labor artística en elementos tallados. La idiosincrasia sevillana ha configurado dos modelos de paso: pasos de misterio y pasos de palio. Los pasos de misterio vinculados a escenas de la Pasión y Muerte de Cristo se caracterizan por llevar sobre la parihuela el canasto, una suerte de peana de grandes dimensiones en cuya talla el artista dispone la carga simbólica de su obra. Bajo el canasto cubriendo la zona más alta de la parihuela se sitúan los respiradores. La Semana Santa de Sevilla conserva tres pasos que testimonian el esplendor barroco: el del Cristo del Amor de 1694, aunque alterado en 1916, el de la Hermandad de la Mortaja de 1710 y sobre todos ellos el paso del Gran Poder obra de Ruíz Gijón, de gran carga teológica en la exaltación del Gran Poder de Dios y de meritoria ejecución de las tallas, cartelas y la gran corte de ángeles que circundan el paso. En el caso de palio el elemento clave es este enser litúrgico que a comienzos del siglo XVII se traslado desde los cortejos a las andas de las imágenes, síntoma de la gran reverencia pública que causaba la presencia en las  calles de las imágenes de devoción.  La labor de talla, mejor dicho de orfebrería, recae en los respiraderos, aunque en ocasiones están realizados en soporte textil,  sobre la parihuela se disponen los varales que sostienen el palio conformando con la candelería y el manto una conjunción de orfebrería y bordados de gran valor estético y con altas cotas de calidad artística.

Virgen de la Soledad en mesa de gradas (Zamora)
La influencia de la Semana Santa de Sevilla durante el siglo XIX, en el marco de los comienzos del turismo y la proliferación de las guías del viajero, trasladó elementos propios de la capital hispalense a ciudades ajenas a su influencia natural. Un claro ejemplo es Zamora, la Semana Santa de Zamora que hoy es paradigma de las celebraciones más austeras de Castilla se transforma profundamente a finales del siglo XIX tamizando su herencia barroca hacía el cariz romántico que hoy en día aún conservan las cofradías históricas. En ese marco en Zamora se impuso a mediados del siglo XIX un modelo de paso denominado mesa procesional que se caracterizaba por la carga interior y la sucesión de gradas doradas con sencillas labores de talla. La sustitución de las tradicionales andas por este modelo parece responder a una reinterpretación de los pasos que se realizaban en Sevilla a mediados del siglo XIX, que sin duda configuró un modelo propio que estuvo vigente hasta mediados del siglo XX. Las mesas de gradas doradas fueron evolucionando hacía un estilo singular y propio que define claramente a las mesas procesionales de Zamora, se trata de composiciones de líneas sobrias en las que la labor de talla se reduce a los respiraderos, por lo común de perfil rectangular, en los que se integran puntualmente alguna escena o cartela pero que por lo general se limitan a decoraciones vegetales, quedando siempre el conjunto en las tonalidades propias de la madera.

Los carros

Cúpula del carro de la Virgen de la Hiniesta, Zamora
Volviendo a la primera división sobre la forma de sacar en procesión a las imágenes, había quedado aplazado un segundo campo el de los carros y carrozas procesionales. Un recurso que se desarrolla paralelo a la evolución de las andas y que alcanzó grandes cotas de mérito en el contexto del barroco.  Se pueden localizar tres grandes categorías: los carros de romería, los carros triunfales y alegóricos, y los pasos a ruedas.

Los pasos a ruedas es necesario mencionarlos por no obviar una categoría muy común a lo largo de la geografía española. Su naturaleza, por lo general de opción alternativa ante la falta de cargadores o el peso de los pasos, hace que su estética y tratamiento suela responder a las líneas de estilo marcadas por los pasos y andas del lugar o zona.

Los carros de romerías tienen un origen claramente funcional, solventar el traslado a grandes distancias de imágenes de devoción, ejemplos de este tipo los encontramos en las crónicas de la procesión de las imágenes en el siglo XVII en Zamora, la Virgen de Valme en Dos Hermanas o la de los Remedios de San Lorenzo de el Escorial. Por lo general los carros que han sobrevivido lo han hecho muy marcados por la propia evolución de los carros de tiro animal, aunque los conservados de finales del XVIII como el de la Virgen de la Hiniesta en Zamora testimonian su naturaleza de altares portátiles. El carro de romería más conocido hoy en día son las carretas que portan los Simpecados en la romería del Rocío, baldaquinos de plata tirados por bueyes y muy marcados en cuanto a los diseños de orfebrería por el desarrollo del paso de palio.

Fondo "La Virgen de luto"
Por último en el contexto de las grandes celebraciones públicas de exaltación de la Fe se hace común el diseño de carros triunfales y alegóricos, especialmente en las celebraciones del Corpus. Se trata de grandes maquinas cargadas de imaginación en las que se potencia la carga simbólica. Su naturaleza en muchos casos de recurso efímero ha provocado que no se conserven demasiados ejemplos. Uno de los conjuntos más destacados son las Rocas del Corpus de Valencia cuyo origen se sitúa en 1392, se trata de once carros triunfales realizados entre el siglo XVI y el XXI con alegorías y santos vinculados a Valencia.  Los carros triunfales en ocasiones también se diseñaban para el desfile de imágenes devocionales, uno de los casos más destacados era el paso de la Soledad de Arganda, patrona de la Villa madrileña, sobre las líneas de una elegante barca y escoltada por un ángel que porta la Cruz triunfante se exaltaba el misterio de la soledad de María.






 Artículos sobre Patriomio cofrade:

IV. Las andas, pasos y carros.


Javier Prieto Prieto, gestor cultural.