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jueves, 16 de enero de 2014

Exposición “Juan Borrero”: Propuesta cultural y patrimonio cofrade.

Este blog nació con la -romántica- vocación de ahondar y descubrir los valores históricos, artísticos y etnológicos que aglutina el patrimonio de las cofradías  como motor de propuestas y acciones culturales. Por ello resulta tan grato ver propuestas que comparten esta misma idea, aunque por cuestiones geográficas la visita tenga que limitarse al mundo virtual.



“JUAN BORRERO. Trazos de plata: Una vida dedicada la orfebrería”

Castillo de San Jorge, Triana (Sevilla).
14 de enero- 23 de febrero.
Comisario: Álvaro Dávila Armero.


El Ayuntamiento de Sevilla  a través del distrito de Triana, en colaboración con el ICAS (Instituto de la Cultura y las Artes de Sevilla) y la fundación Cajasol, ha promovido la realización de una exposición conmemorativa de la trayectoria profesional del orfebre Juan Borrero, artesano responsable de gran parte del patrimonio orfebre de las hermandades del barrio de Triana.

La presencia del ICAS ponía de manifiesto que la orientación de esta muestra no iba a seguir la tónica general en las exposiciones cofrades augurando un perfil técnico más elevado, un aspecto que muchas veces se echa en falta en este tipo de propuestas. La exposición, comisariada por Alvaro Dávila Armero  -historiador y comisario de otras muestras como “SAN ISIDORO. El presente de una tradición” el año pasado en el Círculo Mercantil-, supone un soplo de aire fresco en el ámbito de las exposiciones cofrades sevillanas -uno de los pocos lugares en que existe una programación habitual de esta tipología, aunque con dispar calidad.

La exposición se distribuye en cinco secciones que plantean un discurso amplio y un enfoque didáctico dirigido a conocer el papel de Juan Borrero en la orfebrería sevillana, sus técnicas y la evolución de su obra.

1.-Historia de la orfebrería sevillana.
2.- Técnicas de orfebrería y herramientas.
3.- Proceso creativo y taller de Juan Borrero.
4.- Vida y obra de Juan Borrero.
5.- Audiovisual

Una visión que va más allá de la mera contemplación de las piezas de orfebrería o la exposición de ajuares cofrades, tal y como se señalaba en la licitación promovida por el Distrito de Triana, el planteamiento expositivo debía aunar el atractivo de los contenidos con una presentación amena e instructiva, que permita difundir, dar a conocer e interaccionar con los visitantes y contar con la incorporación de elementos que permitan la ambientación, iluminación, itinerancia e interrelación de las obras con el público.

La innovación respecto a otras exposiciones cofrades no se limita al planteamiento inicial, llamando especialmente la atención el lugar escogido para la exposición: el yacimiento arqueológico del Castillo de San Jorge de Triana. La colección seleccionada se dispone aprovechando los restos arqueológicos de los diferentes espacios del Castillo, que fuera sede la Inquisición durante los períodos  1481-1626 y 1639-1785, en una intervención que aúna arqueología y orfebrería a través de una museografía de líneas clásicas. De esta forma las piezas de orfebrería ocupan las distintas estancias del castillo como las cocinas o la capilla de San Jorge dónde se exponen los ángeles lampadarios de Archidona y el creciente lunar de la Virgen del Carmen del Santo Ángel.

La selección de piezas no se limita a la obra de Juan Borrero para las cofradías, pues incluye obras inéditas pertenecientes a colecciones particulares e incluso reproducciones de Juan Borrero de obras de Modigliani o Picasso.

Entre los enseres cofrades seleccionados de entre la vasta obra realizada por Borrero se encuentran:

Los respiraderos de San Gonzalo y la Carretería (Sevilla).

Varales de los palios de la Esperanza de Triana, la Virgen de la Estrella y la Salud de San Gonzalo (Sevilla).

Llamadores, jarras y piezas de candelería de varias cofradías sevillanas.

Faroles y candelabros de guardabrisa de varias cofradías de Sevilla.

Miniaturas, en su mayoría pertenecientes a colecciones particulares como el Niño Jesús (col. part. Albariza)

Piezas de ajuar como el puñal de oro de la Esperanza de Triana y las potencias del Señor de las Penas (Sevilla).

Varias piezas de la carreta de la Hermandad del Rocío de la Macarena.

El frontal de altar de la Esperanza de Málaga.

Siendo las piezas principales las coronas diseñadas por Juan Borrero para las tres dolorosas coronadas de Triana: Esperanza de Triana, Estrella y Virgen de la O. Cuya estancia en la exposición será solo durante los primeros días. Junto a todo ello se incluyen otros elementos como herramientas, diseños, documentación y fotografía que completan el discurso expositivo.

El diseño expositivo, licitado con un presupuesto de 6050 euros, supone también un punto de ruptura respecto a otras muestras cofrades ya que desde la dirección técnica se han planteado láminas retroiluminadas con la vida del artista, panelería de grandes dimensiones  para los textos de contexto, la recreación del taller del artista y videos que completan el discurso.

Una línea de actuación que da lugar a una propuesta de calidad conforme a criterios museográficos, con elementos didácticos que ayudan a comprender el contenido de la muestra, que generan un resultado capaz de despertar el interés del público cultural de la ciudad de Sevilla.

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En definitiva y sin poder verla in situ “JUAN BORRERO. Trazos de plata: Una vida dedicada la orfebrería” pone de manifiesto el potencial del patrimonio de las cofradías más allá de clichés y tópicos. Un patrimonio cofrade que es capaz de dar lugar a discursos atractivos como el de esta muestra, que a través de la orfebrería ha generado una intervención sobre el yacimiento del Castillo trianero, entrelazando la historia del arrabal de Sevilla entre la piedra y la plata.

Una línea de trabajo que no debiera quedar aislada y que podría generar propuestas culturales llenas de atractivo.

Javier Prieto para @Culturayhdades 

Imágenes: 

Juan Borrero. Trazos de plata. Fotografía: J.J.Comas.

Juan Borrero. Trazos de plata. Fotografía: Fernando Ollero.

Juan Borrero. Trazos de plata. Fotografía: J.J.Comas.

Juan Borrero. Trazos de plata. Fotografía: M.J.Rodríguez Rechi.

Juan Borrero. Trazos de plata. Fotografía: Fernando Ollero.

Juan Borrero. Trazos de plata. Fotografía: Fernando Ollero.

Juan Borrero. Trazos de plata. Fotografía: Raúl Doblado.

Juan Borrero. Trazos de plata. Fotografía: M.J.Rodríguez Rechi.
Juan Borrero. Trazos de plata. Fotografía: M.J.Rodríguez Rechi.

Juan Borrero. Trazos de plata. Fotografía: Raúl Doblado

Juan Borrero. Trazos de plata. Fotografía: Raúl Doblado

Juan Borrero. Trazos de plata. Fotografía: J.J.Comas.

Juan Borrero. Trazos de plata. Fotografía: J.J.Comas.

Juan Borrero. Trazos de plata. Fotografía: M.J.Rodríguez Rechi.

Juan Borrero. Trazos de plata. Fotografía: M.J.Rodríguez Rechi.

Fotografías:

Fernando Ollero para Amargura y Silencio
José Javier Comas para Semana Santa de Sevilla
Manuel Jesús Rodríguez Rechi para Pasion en Sevilla
Raúl Doblado para Pasión en Sevilla


Fuentes:
Prescripciones técnicas de la contratación del servicio de organización,diseño, producción. Y coordinación del montaje y desmontaje de la exposición “JUAN BORRERO, trazos de plata”. Nº expediente: 2013/001732.

ANEXO 1. Contratación del Diseño, Produccion Coordinacion Montaje y Desmontaje de la
Exposición Juan Borrero Trazos de Plata.


miércoles, 18 de diciembre de 2013

IN EXSPECTATIONE PARTUS




IN EXSPECTATIONE PARTUS

La devoción a la “Expectación del parto”  en las cofradías de España, religiosidad popular en torno a las advocaciones de  La Expectación, La O y La Esperanza.

Javier Prieto Prieto
El 18 de diciembre la iglesia católica española ha venerado desde antiguo con gran solemnidad a santa María virgen, en la antesala de la Natividad del Señor. Fruto de esta hermosa tradición existe en España un vasto patrimonio vinculado a la devoción popular al misterio de la Expectación del parto de la Virgen.

Sumario:
                             I.  La Solemnidad de Santa María, 18 de diciembre.
    II. La advocación.
    III. La iconografía letífica.
    IV. Cofradías de la Esperanza
      V.  La iconografía dolorosa de la Esperanza.

La fiesta de Santa María, 18 de diciembre.

El Concilio de Toledo del año 656 d.C. instauró el 18 de diciembre la fiesta de Santa María. Con esta celebración se quería celebrar con la máxima solemnidad la maternidad de la Virgen María en los días previos a la Natividad del Señor, dado que la celebración de la Encarnación solía coincidir con la Cuaresma o la Pascua, no pudiéndose celebrar con la solemnidad estimada la Encarnación del Hijo de Dios. Según algunos investigadores en la fijación de esta fiesta mariana pudo intervenir San Ildefonso, atribuyéndole de igual manera las oraciones que enfocaron esta solemnidad hacia la conmemoración de la Maternidad Divina frente a la celebración de la Anunciación[i]. La liturgia hispana guardaría con celo esta celebración de Santa María, que con el tiempo pasó a denominarse In Exspectatione Partus Beatae Mariae Virginis y que sigue siendo una fecha de gran relevancia en el calendario de la Liturgia Mozárabe.

Su memoria se conservó en España tras la implantación del rito romano, refrendada por distintos Papas a lo largo de los siglos XVI y XVIII como fiesta propia del ámbito hispánico. Así el Misal Romano de 1962 incluye entre sus MISSÆ PRO ALIQUIBUS LOCIS la Misa del 18 de diciembre, In Exspectatione Partus B. Mariæ Virg., una celebración que desapareció con la reforma litúrgica posterior al Concilio Vaticano II.

La advocación.

La celebración durante casi  trece siglos de la fiesta de la Expectación llevó consigo el nacimiento de varias advocaciones marianas vinculadas a la espera del parto y la preparación del nacimiento del Niño Jesús. En primer lugar, la Virgen de la Expectación que asume directamente el título de la fiesta y que suele representarse con la Virgen encinta.

La advocación de la O resulta más controvertida respecto a su origen, la interpretación más común vincula este apelativo a las antífonas mayores del oficio de Vísperas de la última semana de Adviento que comienzan con la invocación Oh (en latín O). El resto de interpretaciones se relacionan con las representaciones iconográficas de la advocación, considerando que la O podría hacer referencia a la silueta redondeada de la Virgen encinta, al óvalo o sol con el Niño Jesús que portan algunas imágenes  o incluso a la silueta de las ráfagas y resplandores, aunque este elemento no siempre presenta forma ovalada fuera del área de influencia de Sevilla.

La advocación de la Esperanza resulta algo más tardía que las anteriores y en su significado se entrelazan junto a la expectación del parto, la virtud de la Esperanza y su posterior interpretación en las imágenes dolorosas como expectación ante la Resurrección de Cristo.

La iconografía letífica.
La advocación de la Expectación, la O o la Esperanza cuenta con un desarrollo iconográfico propio, aunque la expansión de la advocación hará que no sean pocas las imágenes de la Virgen que bajo la iconografía de Theotokos ostenten la advocación de la Esperanza, como la Virgen de la Esperanza de la iglesia de San Cipriano de Toledo o la Patrona de Logroño.

La iconografía de la expectación parte del modelo bizantino de la Blacherniotissa, también denominada Platytera,  que representa a la Virgen en actitud orante con los brazos hacia el cielo y un gran óvalo en el pecho que contiene una representación del Niño Jesús.

Otra de las fuentes iconográficas de las imágenes de la Esperanza es el pasaje de la mujer vestida de sol del Apocalipsis (Ap 12, 1-2)[ii] pues San Juan la describe encinta y con grandes dolores de parto, dando lugar a que algunas representación de la Virgen de la Expectación guarden cierta semejanza con los simulacros de la Inmaculada Concepción: trono de nubes, media luna, serpiente bajo los pies, etc.

Se ha señalado[iii] como una de las primeras representaciones iconográficas de la expectación  en España el Altar de Santa María de Lluçà, conservado en el Museo Episcopal de Vic. En un lateral del mismo aparece la Virgen con los brazos extendidos y rodeada de los siete dones del Espíritu Santo. Sin embargo no aparece referencia alguna al nacimiento del Niño Jesús lo que podría vincular la representación más al misterio de Pentecostés que a la expectación del parto.

La vinculación de las fiestas de la Expectación y la Encarnación desde la implantación de la primera de ellas, tuvo un importante reflejo en el arte. Así resulta común la unión de ambas iconografías en los grupos de la anunciación de finales del siglo XIII en los que Virgen aparece ya con un abultado vientre mientras conversa con el ángel San Gabriel. Se trata además de un conjunto de obras en las que se enlaza la ternura del gesto con que la Virgen acaricia su vientre y la majestad con que se representa a la Madre de Dios. Ejemplos de esta iconografía son la Virgen de la Esperanza de la Catedral de León o los grupos de la Anunciación de la Colegiata de Toro, la iglesia de Santa María del Azogue de Benavente y el del Santuario de la Hiniesta, con notables similitudes entre ellos.

Partiendo de las representaciones de la Anunciación se empiezan a tallar imágenes exentas de la Virgen encinta, así en la iglesia de Santiago de Medina del Campo encontramos la Virgen de la Expectación, denominada anteriormente como nuestra señora la preñada de la anunciación pese a que no se conocen noticias de la existencia de imagen del ángel San Gabriel en ninguno de los emplazamientos en que ha estado la imagen.[iv] Otro ejemplo destacado es la Virgen de la Expectación conservada en el museo de la Catedral de Tuy, que partiendo de los modelos góticos pone en el énfasis en el vientre de la Virgen como señal del inminente nacimiento del Hijo de Dios.

A partir del siglo XVI la representación de la Expectación adquiere un componente más espiritual. Las imágenes de la Virgen se representan en piadosa oración, entroncando de nuevo con la iconografía de la Encarnación, y las formas abultadas se remplazan por elementos simbólicos como el óvalo o sol con el Niño Jesús o sus iniciales, volviendo de esta forma a la iconografía primitiva. Ilustran esta tipología la tabla de la Virgen de la Esperanza de Juan Sariñena, conservada en el Museo de BBAA de Valencia, o la Virgen de la O de Francisco de Ocampo conservada en Castilleja de la Cuesta.  

Cofradías de la Esperanza

El desarrollo iconográfico de la in exspectatione partus fue aparejado a una creciente devoción hacia este misterio de la vida de la Virgen, especialmente vinculado a las mujeres embarazadas.  Este fenómeno no tardaría en institucionalizarse a través de varias cofradías  y fundaciones pías repartidas por el territorio español bajo la protección de Nuestra Señora en sus advocaciones de la O, la Expectación y especialmente La Esperanza.

Hermandades de Gloria

Las primeras cofradías letíficas bajo la protección de la Esperanza surgen a partir del siglo XV en el marco del desarrollo de los gremios, estas corporaciones formulaban las pautas para desarrollar la religiosidad de sus miembros siendo en su mayor parte el origen de las cofradías más antiguas conocidas hoy en día.

Una de las primeras hermandades de gloria consagradas a la Virgen de la Esperanza se fundó en Triana y es el germen de la actual Pontificia, Real e Ilustre Hermandad y Archicofradía de Nazarenos del Santísimo Sacramento, de la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María, Santísimo Cristo de las Tres Caídas, Nuestra Señora de la Esperanza y San Juan Evangelista. La Hermandad de Luz de Nuestra Señora de la Esperanza se fundó en 1418 por el gremio de ceramistas del barrio de Triana en la Real Parroquia de Santa Ana, desconociéndose la imagen titular de dicha corporación. La corporación gremial se fusionaría con varias hermandades trianeras adquiriendo su carácter penitencial a partir de su fusión con la Hermandad de las Tres Caídas de Cristo y Nuestra Señora de la Salud en 1616.

El gremio de pellejeros de Sevilla tomaría también a la Virgen de la Esperanza como titular de su cofradía fundada en 1444, eligiendo una antigua imagen que se veneraba en el hospital de la Correduría. El Hospital de la O o de la Expectación había sido erigido en 1249 por San Fernando, y estaba presidido por una imagen de la Virgen que por su fama de milagrosa, entre los enfermos del hospital, recibía el nombre de la Virgen de la Esperanza Divina Enfermera. Aunque la cofradía gremial llegó a extinguirse la imagen siguió recibiendo culto en la iglesia de San Martín donde se fundaría una nueva cofradía letífica, intitulada Ilustre y Fervorosa Hermandad de Nuestra Señora de la Esperanza, en el año 1666. Tras muchas vicisitudes históricas la Hermandad de la Divina Enfermera se fusionó con la penitencial de la Sagrada Lanzada en la década de los setenta del siglo XX, garantizando así el sostenimiento de sus cultos y su salida procesional. Aunque se presume una continuidad histórica en la imagen de la Virgen de la Esperanza Divina Enfermera desde la cofradía gremial a la actualidad, la talla ha sufrido diversas alteraciones en su iconografía y aspecto a lo largo de los siglos. La iconografía original parece responder al modelo Theotokos según los cánones de las imágenes fernandinas –Virgen de los Reyes, Virgen de las Aguas del Salvador, etc.- pues desde antiguo se constata la presencia de una imagen del Niño Jesús exento con gran devoción en la colación del hospital. La imagen primitiva sería alterada durante el siglo XVI, sabiendo que era de talla y portaba al Niño Jesús entre sus brazos. A finales del siglo XVII encontramos una representación de la Divina Enfermera en la que se muestra a la imagen exenta en actitud de oración, se trata de un cuadro de grandes dimensiones que se conserva en la iglesia de San Martín en el que se representa el misterio de la Purificación[v]. El cuadro de la Purificación es un trampantojo a lo Sagrado  y en él se representa el altar de la Virgen de la Esperanza adornado para la festividad de la Purificación, fiesta que celebraba la cofradía al menos desde 1754.  Llama la atención la alteración de la iconografía tradicional de esta imagen, representándola sin el Niño Jesús y portando un libro de horas entres sus manos, en un simulacro a medio camino entre la iconografía popular sevillana de la Encarnación y la Concepción[vi] -llegándose incluso a identificar la imagen del cuadro con la Inmaculada Concepción del convento de Regina Angelorum-. En cuanto al ajuar de la imagen aparece vestida según los gustos españoles del siglo XVII -con saya acampanada, justillo y amplios mangales, todo ello adornado con lazos y joyas[vii]- tal y como se le representa en el grabado de 1743, aunque en esta ocasión ya bajo su iconografía de Madre Dios luciendo rostrillo, ráfaga y sosteniendo al Niño Jesús entre las manos. En 1766 la imagen estrena una pieza simbólica de gran interés, un óvalo de plata con la representación del Niño Jesús que la imagen porta en su vientre durante los días previos a la Navidad en sustitución de la imagen del Divino Infante. La Divina Enfermera sufrirá una importante remodelación en 1786 para adaptar su iconografía al modelo de la Virgen del Amparo, bajo la iconografía de la Hodigitria. Desde ese momento la Virgen portará al Niño Jesús sobre su brazo izquierdo, tal y como se representa en el Sin Pecado dieciochesco que conserva la hermandad.


En 1494 se funda en Valladolid una cofradía bajo el título de Nuestra Señora de la O y bendito Isidro Labrador en la iglesia de San Andrés. Con la canonización del santo madrileño en 1622 la cofradía erigió una capilla para el culto a San Isidro y Santa María de la Cabeza perdiéndose la referencia a Nuestra Señora de la O.

A comienzos del siglo XVI se funda en Toledo la Esclavitud de Nuestra Señora de la Esperanza de San Lucas. Esta cofradía, de la que se tiene constancia ya en 1513, se fundaría por Diego Hernández tras presenciar el milagro de la Salve. En la parroquia mozárabe de San Lucas se habría conservado desde tiempos de la dominación musulmana la costumbre de consagrar el sábado a la veneración de la Virgen ante una imagen advocada de la Esperanza. Doña Ana Romero, devota encargada de costear este culto, falleció dejando como responsable del sostenimiento de la salve de los sábados a su sobrino Diego Hernández, un joven de vida desordenada, que abandono esta piadosa costumbre. Al poco tiempo se extendió por Toledo el rumor de que aunque la iglesia ya no se abría cada sábado se oían los cánticos propios de la sabatina a la Virgen, ante las habladurías Diego Hernández decidió acudir a comprobar lo que se contaba. Al abrir el templo se halló a la Virgen acompañada de varios ángeles que entonaban la Salve. La milagrosa aparición propiciaría la conversión de Diego Hernández quien proveería del sostenimiento durante todos los sábados de la Salve a la Virgen de la Esperanza.  La cofradía erigiría capilla propia en 1612, para acoger a la Virgen de la Esperanza –imagen vestidera siguiendo el canon de las glorias toledanas-, en la parroquial de San Lucas dónde se asumirían varias obras de mejora aparejadas al auge de la cofradía durante el siglo XVII. El crecimiento de la esclavitud llevó aparejado la presencia entre sus hermanos de miembros de la nobleza durante el siglo XVIII, especialmente entre los Grandes de España[viii]. La iglesia de San Lucas, uno de los templos más antiguos de Toledo, permanece cerrada al culto desde el año 2002 a la espera de las obras de rehabilitación. En fechas recientes la Virgen de la Esperanza ha sido sometida a un proceso de restauración, siendo presentada el día 18 de diciembre en la iglesia de Santa Justa y Rufina sede de la Ilustre y Antiquísima Hermandad de Caballeros y Damas Mozárabes de Nuestra Señora de la Esperanza San Lucas de la Imperial Ciudad de Toledo, que la asume como patrona de la comunidad mozárabe de la ciudad.

También en Toledo existe desde la segunda mitad del siglo XVI otra cofradía dedicada a la Virgen de la Esperanza, en este caso en la iglesia de San Cipriano. Se trata de una imagen románica de finales del siglo XIII revestida al modo de las glorias de Toledo y con un rico ajuar de orfebrería y mantos. Esta imagen no era originalmente denominada de la Esperanza, adquiriendo esta advocación por su intervención milagrosa durante una plaga de peste en la ciudad.
En 1612 se funda en el Convento de Santo Domingo de la Calzada de Logroño la Cofradía de la Virgen de la Esperanza,  cuyo primer libro conservado es de 1641 en donde se señala que es de la “cofradía de Nuestra Sra. de la Esperanza, llamada antiguamente Nuestra Sra. La Toledana, sita en la capilla de Ámese Juan de Mendizábal que al presente  es de Doña Isabel Ibáñez en la Iglesia de Sr. Santiago el Real de esta ciudad de Logroño”. La imagen de la Virgen de la Esperanza es la patrona de la ciudad de Logroño y se conocen datos de la presencia de la talla en la ciudad riojana desde el siglo XIV. Se trata de una imagen de líneas románicas, sedente según la iconografía de la Theotokos pero muy intervenida a lo largo de los siglos.
Ya avanzado el siglo XVIII se crea en Madrid bajo la protección de la Virgen de la Esperanza la Santa y Real Hermandad de María Santísima de la Esperanza y Santo Celo de la Salvación de las Almas, fundada por S.M. el rey Felipe V en 1734. Su principal función era ofrecer asilo durante el embarazo a las prostitutas que eran acogidas en el hospital del Pecado Mortal, bajo secreto sin que nadie más que el secretario de la corporación conociese el nombre de las acogidas. La hermandad del Pecado Mortal, como era conocida popularmente, tuvo un importante papel en el Madrid del siglo XVIII, asumiendo a partir de 1800 la asistencia a las mujeres solteras que sin ser prostitutas se hubiesen quedado embarazadas. 

Hermandades de Penitencia

La dedicación de hermandades de sangre a la veneración del misterio de la Expectación no tardará en surgir en la Sevilla del siglo XVI. En 1560 se funda en el hospital de Santa Brígida, Santa Justa y Santa Rufina de la calle Castilla una hermandad de gloria[ix] que rendía culto a la Santísima Virgen en su advocación de la O. En 1566 se aprueban sus reglas como hermandad de sangre saliendo en procesión en la noche del Jueves Santo y el Domingo de Resurrección. La floreciente Hermandad de la O adquirió la propiedad de la iglesia del hospital tras su fusión con la hermandad de Santa Brígida, erigiendo a comienzos del siglo XVIII la actual iglesia de la Virgen de la O. La hermandad cuenta con dos imágenes bajo la advocación de la O, la imagen gloriosa anónima del siglo XVI –bajo la iconografía de Virgen orante- y la Virgen de la O dolorosa, tallada por de Castillo Lastrucci para sustituir a la original de Martínez Montañés tras su profanación en 1936.

En Málaga se funda en 1641 la Hermandad de los setenta y dos hermanos de la Madre de Dios de la Esperanza agregada a la Archicofradía del Dulcísimo Nombre de Jesús -aunque con procesión y gobierno propio- fecha en la que se encargaría la imagen de la Virgen de la Esperanza. La Virgen de la Esperanza, imagen dolorosa de candelero, pudo haber sido tallada por el granadino Pedro de Mena según algunos autores, sin embargo las sucesivas restauraciones tras el incendio de la iglesia de Santo Domingo en 1931 han desvirtuado considerablemente los rasgos de la talla.

Pero si una Hermandad ha marcado la proliferación de cofradías penitenciales en torno a la Virgen de la Esperanza es sin duda la Hermandad de la Macarena. La Cofradía de nra señra de la esperança y hermandad de penitencia se funda en el Colegio de San Basilio de Sevilla en 1595, con un marcado carácter caritativo propio del carácter de la orden basilia. El promotor, Hernando de la Cruz, ya había demostrado su devoción por la Virgen de la Esperanza, al fundar bajo su protección el hospital de Posadas.  A partir del año 1624 la hermandad comienza a hacer estación a la S.I.Catedral, intitulándose a partir de 1654  cofradía De la Sentencia de muerte que dieron a christo nro. Redemptor y Nra. Srª. de La Esperanza. La hermandad del barrio de San Gil, a cuya parroquia se trasladó en 1653, se fusionará con la Hermandad del Rosario a finales del siglo XVIII dentro del proceso de supresión y reformas de cofradías de 1788. Tras una etapa de declive a lo largo del siglo XIX, desde comienzos del siglo XX la Hermandad de la Esperanza Macarena se convertirá en una de las corporaciones de referencia de la Semana Santa hispalense, tanto a nivel devocional como estético, lo que promoverá el desarrollo de la devoción a la Virgen de la Esperanza Macarena como advocación e iconografía a nivel nacional.

La iconografía dolorosa de la Virgen de la Esperanza

El auge de la Esperanza Macarena a lo largo del siglo XX supuso la proliferación de cofradías y hermandades que tomaron a la Macarena como referente devocional y estético, siendo la época de mayor auge de este movimiento durante el período de la postguerra al amparo del nacionalcatolicismo y la recuperación de las cofradías tras la guerra.

Nace así una nueva iconografía la de la Esperanza Macarena en la que jugará un papel clave la forma de vestir a la Virgen ideada por Rodríguez Ojeda en la transición del gusto romántico al modelo más castizo. En consecuencia la iconografía de las imágenes de la Esperanza se identificarán principalmente por el ajuar de la imagen, al igual que ocurrió en el siglo XVIII con la Soledad de la Victoria de Madrid. Así se extenderá un modelo de imagen de bastidor, conforme a los cánones del barroco sevillano, revestida de manto verde, tocado de encajes y repitiendo en ocasiones piezas del ajuar de la Virgen como el fajín militar, la corona o las propias mariquillas.

La expansión de este modelo iconográfico tuvo varias vías, así por ejemplo se conoce la participación del General Queipo de Llano en la fundación de nuevas cofradías bajo la protección de la Esperanza. Pero fue la cultura popular quien contribuyó sin duda a la conversión de la Esperanza Macarena en el referente devocional de la España de mediados del siglo XX.

La vinculación de importantes personajes del panorama nacional a la cofradía sevillana atraía la atención de los medios de comunicación sobre la participación de la Macarena en la afamada Semana Santa sevillana, de la que ya era por entonces una de las principales referencias.

Además cabría señalar también la promoción de la devoción macarena a través de la música popular. Las afamadas composiciones de los maestros León, Quintero y Quiroga introdujeron en los hogares españoles los referentes devocionales de la Sevilla de mitad de siglo al formar parte de las letras de muchas de sus composiciones, sirva como ejemplo la estrofa final del popular Romance de Valentía:

Por él ninguna serrana lloró de luto vestida…
Por él ninguna campana dobló amaneciendo el día.
Pero en cambio entre azucenas y entre velas enrizas,
en San Gil, la Macarena,
sí que lloraba de pena por la muerte del chaval.

Al amparo de este contexto en el que la Esperanza Macarena había pasado a formar parte del devocionario de los españoles empiezan a surgir cofradías que tomando como referente la corporación sevillana promueven la devoción a la Virgen de la Esperanza encargando nuevas imágenes bajo el patrón iconográfico de la Esperanza Macarena.

Las primeras cofradías surgidas tomando como referente la Hermandad de la Macarena nacen en Andalucía, así en 1927 se funda en Jerez la Hermandad del Santísimo Cristo de la Yedra y Nuestra Señora de la Esperanza y en 1928 en Granada la Real Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder y Nuestra Señora de la Esperanza –tomando por titular una talla portentosa de José Risueño de 1718. El 28 de febrero de 1940 se erige en Córdoba la Piadosa Hermandad y Cofradía de Penitencia del Santo Cristo de la Sentencia y María Santísima de la Esperanza, en clara alusión a la hermandad sevillana, la imagen titular es obra de Juan Martínez Cerrillo en el año 1947.

En Madrid se funda en 1940  por un grupo de sevillanos la Hermandad del Gran Poder y la Esperanza Macarena, encargando en 1941 la realización de su imagen titular al imaginero Antonio Eslava Rubio, autor entre otras obras de las dolorosas de las hermandades hispalenses de Santa Cruz y Jesús Despojado. Cuatro años después se funda en Salamanca la Hermandad Dominicana del Santísimo Cristo de la Buena Muerte, Nuestro Padre Jesús de la Pasión, Nuestra Señora de los Dolores y Ntra. Señora de la Esperanza. La primitiva imagen de Ntra. Sra. de la Esperanza sería obra de González Macías (1945), sustituida en 1952 por otra imagen de Damián Villar retallada por Javier Roán en 2001. También en el año 1944, se funda en Badajoz la Cofradía del Santísimo Cristo del Descendimiento, María Santísima de la Piedad y Nuestra Señora de la Esperanza, esta última del imaginero Castillo Lastrucci de 1945.

En 1950 la Cofradía del Vía Crucis de Zamora decide solicitar al imaginero Víctor de los Ríos una imagen de la Virgen de la Esperanza adaptando el modelo macareno a los gustos castellanos, la devoción a esta imagen propiciaría la creación de una sección de damas dentro de la cofradía del Vía Crucis, que a partir de 2010 ostenta el título de Cofradía de la Virgen de la Esperanza. En 1953 la recién fundada Cofradía de la Esperanza de Lugo encargó a D. Ángel Rodríguez Puente la realización de su imagen titular conforme al modelo de la dolorosa sevillana. La declaración de la Esperanza Macarena como patrona de los Agentes Comerciales supuso el germen de la fundación de una cofradía de agentes comerciales en Ávila en torno a una imagen de la Virgen de la Esperanza realizada por Manuel Romero en 1954.

Muchas de las nuevas cofradías asumen incluso el título de la Esperanza Macarena como advocación titular: Cofradía de Jesús Cautivo y la Esperanza Macarena de Sta. Cruz de Tenerife (1959), la Hermandad Del Gran Poder y la Esperanza Macarena de Barcelona (1965), Hermandad de la Sagrada Pasión y la Esperanza Macarena fundada en Santa María de Bulacán, Filipinas (1991) o la Hermandad de Jesús de Medinaceli y la Esperanza Macarena de Miami (1996), estando detrás de muchas de estas cofradías grupos de emigrantes sevillanos.
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Trece siglos después de la institución de la fiesta de la Expectación del parto, la religiosidad popular española sigue teniendo a la Virgen como especial abogada reconociéndola como Esperanza Nuestra.


Fuentes:


CRUZADO A.  La Esperanza: Iconografía de la Virgen de la Esperanza. Revista MIRIAM.

DE LA CAMPA CARMONA, R. La conmemoración de María en el tiempo de Adviento. la fiesta de la Expectación del Parto, primitiva memoria mariana de la Iglesia hispánica. Congreso internacional "María signo de identidad de los pueblos cristianos" religión, antropología, historia y arte. 2010. 

ESCUDERO MARCHANTE J.M. y MARTÍNEZ DEL VALLE G.J. La pintura de la Purificación de la Divina Enfermera. Recuperación de una notable obra pictórica del barroco sevillano del siglo XVIII. Boletín de las Cofradías de Sevilla. Nº 586. 2007.

GUERRERO VENTAS P. La Archidiócesis de Toledo y su piedad popular. I.T. San Ildefonso.  2004.

MARÍAS F. La arquitectura del Renacimiento en Toledo (1541-1631). CSIC-CSIC Prensa. 1986.

MARTÍNEZ-BURGOS GARCÍA P. y RODRÍGUEZ GONZÁLEZ A. La fiesta en el mundo hispánico. Ediciones de la Universidad de Castilla la Mancha. 2004.

MUSEO DE LAS FERIAS. La Virgen de la Expectación. Museo de las Ferias, Medina del Campo. Pieza del mes, junio 2001. Medina del Campo.

NOGALES MÁRQUEZ C.F. Las Vírgenes de la Esperanza en Sevilla. La Navidad: arte, religiosidad y tradiciones populares. 2009.




[i] DE LA CAMPA CARMONA, R. La conmemoración de María en el tiempo de Adviento. la fiesta de la Expectación del Parto, primitiva memoria mariana de la Iglesia hispánica. Congreso internacional "María signo de identidad de los pueblos cristianos" religión, antropología, historia y arte. 2010. 
[ii] NOGALES MÁRQUEZ C.F. Las Vírgenes de la Esperanza en Sevilla. La Navidad: arte, religiosidad y tradiciones populares. 2009.
[iii] CRUZADO A.  La Esperanza: Iconografía de la Virgen de la Esperanza. Revista MIRIAM.
[iv] MUSEO DE LAS FERIAS. La Virgen de la Expectación. Pieza del mes, junio 2001. Medina del Campo.
[v] ESCUDERO MARCHANTE J.M. y MARTÍNEZ DEL VALLE G.J. La pintura de la Purificación de la Divina Enfermera. Recuperación de una notable obra pictórica del barroco sevillano del siglo XVIII. Boletín de las Cofradías de Sevilla. Nº 586. 2007.
[vi]  Frente a la iconografía más tradicional de la Pura y Limpia en Sevilla se conservan varias imágenes de la Virgen vinculadas a la Inmaculada Concepción en actitud de oración, tal y como aparece la Divina Enfermera en esta pintura, como la Inmaculada Concepción del Convento de San Buenaventura, apodada La Sevillana, o la Virgen del Voto de la que se conserva un grabado en la edición impresa del Voto Concepcionista de la Sacramental del Salvador de gran similitud con la pintura de la Divina Enfermera.
[vii]  El artículo de José Mª Escudero Marchante y Gonzalo José Martínez del Valle constata numerosos elementos consignados en el inventario de la cofradía de 1767, entre ellos varias de las joyas, como el rosario de coral rematado en un ancla, o los lazos de plata que adornan las guirnaldas de las mangas y la mantilla.
[viii] GUERRERO VENTAS P. La Archidiócesis de Toledo y su piedad popular. I.T. San Ildefonso, 2004.
[ix] La Hermandad de la O está consignada en el apartado de hermandades penitenciales por el breve espacio de tiempo de su conversión en hermandad de sangre.

jueves, 20 de junio de 2013

Colaboración con HCCofradías.com "Centro cultural para las hermandades de Sevilla"

Artículo de opinión sobre las posibilidades de un Centro Cultural para el patrimonio de las hermanades de Sevilla publicado en el sitio web HCCofradías.com:

Museo de la Macarena, foto Javier Díaz
El portal de noticias cofrades semanasantadesevilla.tv recoge hoy las siguientes declaraciones del Alcalde de Sevilla:   “Hoy no tenemos las circunstancias económicas para crear un museo de la Semana Santa” descartando además un posible centro de interpretación  “porque no hay que interpretar nada de la Semana Santa”.  Estas declaraciones, que fueron realizadas por D. Ignacio Zoido en el trascurso de una conferencia en la Hermandad de la Hiniesta, ponen de manifiesto la preocupación de buena parte de los cofrades de Sevilla por la necesidad de promover el patrimonio de las hermandades y la sensibilidad del organismo municipal respecto a estos temas, la afirmación sobre el centro de interpretación no sería fácil de escuchársela a muchos representantes municipales de otras ciudades españolas pues bien vale un puñado de votos cofrades auspiciar una actuación de este tipo por desencaminada que sea.

Sin embargo el fondo de las declaraciones ponen de manifiesto el escaso análisis sobre las posibilidades de gestión que ofrece el patrimonio de las hermandades, sería una temeridad limitarlo a las cofradías de Semana Santa como ha demostrado la última exposición sobre la Sacramental de San Bernardo. Las ideas faraónicas de grandes museos de temática local se antojan irreales ante la situación actual, siendo además proyectos de difícil gestión y escaso éxito en la mayor parte de los casos, tendentes a acumular pasos o enseres sin mucho mayor contenido didáctico. Por su parte los centros de interpretación, en sentido estricto, han resultado un nefasto ejemplo de mala gestión pública y escasa valoración por el visitante, sin embargo no todas sus herramientas pueden descartarse tan drásticamente como hace el alcalde sevillano.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Patrimonio cofrade IV: Andas, pasos y carros.



Procesión de disciplinantes, Francisco de Goya. 1812-1819

Las cofradías y hermandades han tenido como nota común su protestación pública de fe. El ejercicio y desarrollo de cultos públicos tuvo en sus orígenes elementos muy sencillos como las cruces y crucifijos alzados, o insignias y estandartes que presidían el rezo del Vía Crucis o el Rosario. Sin embargo la proliferación de romerías en la Edad Media, por lo general vinculadas a imágenes aparecidas, y más aún la espiritualidad impulsada tras el concilio de Trento instauraron la definitiva presencia de imágenes en los cultos públicos que se celebraban en ciudades y pueblos.

La realización de cultos públicos con las imágenes en madera e incluso en piedra exigía la presencia de un elemento que permitiese su digno traslado por los espacios donde se celebraría el piadoso ejercicio. Todo parece indicar que es la tradición clásica de las grandes celebraciones del Imperio Romano y su adaptación a las celebraciones católicas en Roma el caldo de cultivo en el que las cofradías y hermandades debieron encontrar inspiración a la hora de plantear sus protestaciones públicas de fe.

"El entierro de Ramon Llull" (ca. 1618-1621) Ayto. de Palma
El elemento más sencillo y clave para entender los actuales pasos, tronos y carros triunfales son las andas. Las andas en su versión más primitiva están compuestas de un tablero y cuatro pequeños brazos o mástiles que permitían trasladar las imágenes con cierta dignidad. Su referente claro serían las andas que se utilizarían para solemnizar traslados funerarios, un elemento de clara influencia de los fastos romanos. La evolución de las andas responde a múltiples factores vinculados a corrientes artísticas o  necesidades funcionales, y marcados drásticamente por elementos regionalistas. A continuación vamos a intentar desmenuzar las grandes categorías actuales, su evolución histórica y la vinculación entre muchas de ellas.
 
La primera gran división a la hora de analizar la configuración de los pasos procesionales (como definición más categórica) es en función de quien soporta el peso, de esta manera se constituye por un lado la familia de las andas que apoyan su peso sobre el cuerpo de los fieles y por otro lado el conjunto de carros que descansan la carga de la imagen sobre ruedas. La división en función de la tracción no se debe tanto al elemento mecánico si no a las características artísticas y plásticas que se derivan de cada forma de cargar.

Traslado de reliquias
La evolución de las andas

Las andas son la formulación más tradicional de los pasos procesionales, las primeras representaciones de este tipo de elemento las encontramos en la pintura medieval, para representar escenas vinculadas al Arca de la Alianza o en los traslados de reliquias de Santos de la Iglesia. Aunque a veces se pueda dar a entender que las procesiones se instauran tras el concilio de Trento era ya una realidad común en el ideario de la Edad Media, muy vinculada a los grandes santuarios erigidos en torno a reliquias e imágenes aparecidas. Se trataba de andas muy sencillas que apenas superaban las dimensiones de la imagen que portaban, constituidas únicamente por el tablero y cuatro vástagos que descansaban sobre los hombros de los porteadores, en muchas ocasiones clérigos.

Este modelo sencillo es el origen de todas las configuraciones de pasos procesionales cargados por fieles devotos. Las andas sencillas han sobrevivido en su configuración medieval sin alteraciones de gustos posteriores, siendo un elemento recurrente en los entornos rurales de Castilla y León o Galicia, conociendo también testimonios en la devoción conventual. Sin embargo por regla general los gustos imperantes del renacimiento y muy especialmente la espiritualidad barroco provocarían la evolución de las andas medievales hacía posicionamientos marcados por el arte efímero, siguiendo en todos los casos un criterio muy claro: la dignificación de la presencia de las imágenes en la calle.

Traslado de la Virgen del Espino, s.XVIII
De nuevo es necesario hacer una división funcional que marcará las características plásticas de la artesanía en el trabajo de las andas procesionales: el tipo de carga. La evolución de las imágenes y la aparición de los grandes grupos escultóricos en las celebraciones de la Semana Santa de Valladolid y su entorno provocaron la redimensión de las andas que empezaron a aumentar de tamaño todo ello imbuido del creciente esplendor del arte barroco propicio una nueva ruptura entre las andas cuya carga era externa y aquellas que siguiendo la línea de los carros triunfales empezaron a trasladar la carga bajo la estructura de las andas.

Los sistemas de carga exterior tuvieron una evolución más reducida, pudiendo a hablar ya de tres grandes categorías reconocibles hoy en día.  En primer lugar la propia evolución de las andas tradicionales, de proporciones reducidas pero que amplían el número de carga y sobretodo incluyen elementos barrocos como la iluminación, las flores, inclusión de penas y detalles tallados en la configuración del tablero centro. La Semana Santa en la que por antonomasia se conservan las andas es la de Cuenca, los brazos se alargan para poder acoger más número de carga pero se mantiene el diseño tradicional de tablero y cuatro mástiles.

La transformación de las andas impulsada por el auge de la Semana Santa de Valladolid y la implantación de los grandes grupos escultóricos en las celebraciones castellanas cristalizaría en la figura del tablero. Al contrario que el caso de Cuenca  en la Semana Santa de Valladolid, Medina de Rioseco e incluso Murcia se ampliaron las bases de los pasos pero no los mástiles o palotes (como los denominan en Medina del Rioseco). De esta manera se consigue una composición sencilla en la que los cargadores se disponen en el perímetro del paso y en los pequeños arranques de los brazos que aumentan de número. Del modelo más sencillo y clásico, meritoriamente conservado en Medina de Rioseco, se evolucionaría hacia formas más barrocos con elementos tallados en Murcia. El tablero ha sido una de las figuras peor conservada por su sencillez frente a proposiciones barrocas y neoclásicas, así por ejemplo la Semana Santa de Salamanca ha perdido esta seña de identidad que aún se aprecia en las fotografías de principios del siglo XX.

San Juan Californio, Cartagena.
La evolución de las andas de mayor sabor neobarroco son los tronos, cuyos máximos exponentes los encontramos en Málaga y Cartagena. Se trata de andas de grandes dimensiones tanto en el plano horizontal como en el vertical en las que se multiplican el número de brazos y se superponen elementos tallados, peanas y grandes candelabros, formando una estética voluminosa muy vinculada al nuevo urbanismo de finales del XIX. En el caso de Cartagena nos encontramos ante una configuración muy vinculada a la estética levantina que tuvo su origen en el florecimiento económico de la ciudad a mediados del siglo XIX, el juego de luces y flores ha configurado un modelo único. En el caso de Málaga existe una mayor influencia del arte cofradiero andaluz, y por ende de Sevilla, aplicando en los tronos elementos como los canastos barrocos o los respiradores en plata de los pasos de palio.

Los pasos

La alternativa a las andas son los pasos, una evolución más drástica del modelo primitivo que traslado la carga hacía el interior del soporte. Poco se sabe del cambio de un modelo a otro, pero debió de ser en fechas tempranas del siglo XVII, ya en 1611 las imágenes titulares de la Hermandad del Silencio desfilaban en pasos con faldillas y maniguetas, como atestiguan los grabados que ilustran uno de sus libros de reglas. Es posible que el estadio previo fuese la inclusión en las andas clásicas de faldillas y cortinajes que ofrecerían una estética más solemne, pues no cabe duda de que los grandes pasos barrocos heredaron su estructura de las andas, y prueba de ello es la conservación testimonial de las maniguetas, el viejo recuerdo de lo que fueron los brazos de unas andas hoy innecesarios.

Gran Poder en su paso, Foto: Alberto García
Es sin duda Sevilla la cuna y máxima expresión de los pasos como elemento para la procesión de imágenes sagradas, además es junto a los carros triunfales el tipo de andas en el que existe una mayor carga artística. Los pasos de carga interior respondieron en sus versiones más primitivas y humildes al modelo de mesa, una estructura (denominada parihuela) con cuatro patas sobre la que se dispone un tablero y en cuyo interior se instala un sistema de carga (banzos o trabajaderas, según la carga sea a hombros o a costal). A partir de esa estructura se desarrolla la labor artística en elementos tallados. La idiosincrasia sevillana ha configurado dos modelos de paso: pasos de misterio y pasos de palio. Los pasos de misterio vinculados a escenas de la Pasión y Muerte de Cristo se caracterizan por llevar sobre la parihuela el canasto, una suerte de peana de grandes dimensiones en cuya talla el artista dispone la carga simbólica de su obra. Bajo el canasto cubriendo la zona más alta de la parihuela se sitúan los respiradores. La Semana Santa de Sevilla conserva tres pasos que testimonian el esplendor barroco: el del Cristo del Amor de 1694, aunque alterado en 1916, el de la Hermandad de la Mortaja de 1710 y sobre todos ellos el paso del Gran Poder obra de Ruíz Gijón, de gran carga teológica en la exaltación del Gran Poder de Dios y de meritoria ejecución de las tallas, cartelas y la gran corte de ángeles que circundan el paso. En el caso de palio el elemento clave es este enser litúrgico que a comienzos del siglo XVII se traslado desde los cortejos a las andas de las imágenes, síntoma de la gran reverencia pública que causaba la presencia en las  calles de las imágenes de devoción.  La labor de talla, mejor dicho de orfebrería, recae en los respiraderos, aunque en ocasiones están realizados en soporte textil,  sobre la parihuela se disponen los varales que sostienen el palio conformando con la candelería y el manto una conjunción de orfebrería y bordados de gran valor estético y con altas cotas de calidad artística.

Virgen de la Soledad en mesa de gradas (Zamora)
La influencia de la Semana Santa de Sevilla durante el siglo XIX, en el marco de los comienzos del turismo y la proliferación de las guías del viajero, trasladó elementos propios de la capital hispalense a ciudades ajenas a su influencia natural. Un claro ejemplo es Zamora, la Semana Santa de Zamora que hoy es paradigma de las celebraciones más austeras de Castilla se transforma profundamente a finales del siglo XIX tamizando su herencia barroca hacía el cariz romántico que hoy en día aún conservan las cofradías históricas. En ese marco en Zamora se impuso a mediados del siglo XIX un modelo de paso denominado mesa procesional que se caracterizaba por la carga interior y la sucesión de gradas doradas con sencillas labores de talla. La sustitución de las tradicionales andas por este modelo parece responder a una reinterpretación de los pasos que se realizaban en Sevilla a mediados del siglo XIX, que sin duda configuró un modelo propio que estuvo vigente hasta mediados del siglo XX. Las mesas de gradas doradas fueron evolucionando hacía un estilo singular y propio que define claramente a las mesas procesionales de Zamora, se trata de composiciones de líneas sobrias en las que la labor de talla se reduce a los respiraderos, por lo común de perfil rectangular, en los que se integran puntualmente alguna escena o cartela pero que por lo general se limitan a decoraciones vegetales, quedando siempre el conjunto en las tonalidades propias de la madera.

Los carros

Cúpula del carro de la Virgen de la Hiniesta, Zamora
Volviendo a la primera división sobre la forma de sacar en procesión a las imágenes, había quedado aplazado un segundo campo el de los carros y carrozas procesionales. Un recurso que se desarrolla paralelo a la evolución de las andas y que alcanzó grandes cotas de mérito en el contexto del barroco.  Se pueden localizar tres grandes categorías: los carros de romería, los carros triunfales y alegóricos, y los pasos a ruedas.

Los pasos a ruedas es necesario mencionarlos por no obviar una categoría muy común a lo largo de la geografía española. Su naturaleza, por lo general de opción alternativa ante la falta de cargadores o el peso de los pasos, hace que su estética y tratamiento suela responder a las líneas de estilo marcadas por los pasos y andas del lugar o zona.

Los carros de romerías tienen un origen claramente funcional, solventar el traslado a grandes distancias de imágenes de devoción, ejemplos de este tipo los encontramos en las crónicas de la procesión de las imágenes en el siglo XVII en Zamora, la Virgen de Valme en Dos Hermanas o la de los Remedios de San Lorenzo de el Escorial. Por lo general los carros que han sobrevivido lo han hecho muy marcados por la propia evolución de los carros de tiro animal, aunque los conservados de finales del XVIII como el de la Virgen de la Hiniesta en Zamora testimonian su naturaleza de altares portátiles. El carro de romería más conocido hoy en día son las carretas que portan los Simpecados en la romería del Rocío, baldaquinos de plata tirados por bueyes y muy marcados en cuanto a los diseños de orfebrería por el desarrollo del paso de palio.

Fondo "La Virgen de luto"
Por último en el contexto de las grandes celebraciones públicas de exaltación de la Fe se hace común el diseño de carros triunfales y alegóricos, especialmente en las celebraciones del Corpus. Se trata de grandes maquinas cargadas de imaginación en las que se potencia la carga simbólica. Su naturaleza en muchos casos de recurso efímero ha provocado que no se conserven demasiados ejemplos. Uno de los conjuntos más destacados son las Rocas del Corpus de Valencia cuyo origen se sitúa en 1392, se trata de once carros triunfales realizados entre el siglo XVI y el XXI con alegorías y santos vinculados a Valencia.  Los carros triunfales en ocasiones también se diseñaban para el desfile de imágenes devocionales, uno de los casos más destacados era el paso de la Soledad de Arganda, patrona de la Villa madrileña, sobre las líneas de una elegante barca y escoltada por un ángel que porta la Cruz triunfante se exaltaba el misterio de la soledad de María.






 Artículos sobre Patriomio cofrade:

IV. Las andas, pasos y carros.


Javier Prieto Prieto, gestor cultural.